Introducción.
Creo que todos ya hemos visto una presentación de alguien en una cuerda floja, sea por televisión o en algún espectáculo de circo, siempre sucede lo mismo. De cerca o de lejos, siempre nos quedamos en la misma tensión, deseando que el espectáculo termine pronto, y que el equilibrista salga rápidamente de la cuerda floja, y se aleje del peligro. La vida de alguien lejos de Jesús, sin conocerlo, sin tener compromiso con él, es similar a alguien presentándose en una cuerda floja, estando en peligro constante al llevar una vida con la incertidumbre de un mañana mejor. Alguien en esta situación puede caer cuando menos se lo imagina, y cuando esto suceda, estará en una situación complicada. La falta de relación con Jesús, el Único Dios que puede proteger, garantizar liberación en la hora del peligro y paz en medio de la tribulación, puede evitarse. Y esto con una decisión muy simple. Buscando y conociéndolo a través de la Biblia, así como relacionándonos con él personalmente en el día a día, por la santificación, oraciones y súplicas. Trayendo a nuestras vidas las instrucciones contenidas en su palabra. Sabemos que Dios es rico en misericordias, y ellas son la causa de no ser consumidos. Sin embargo Dios tiene sus principios, y él muchas veces aunque quisiera, no puede ir contra sus estatutos. Si queremos ser protegidos por Dios, es necesario tener el conocimiento de quién es él, y seguir sus mandamientos. No podemos negligenciar esta verdad. Solo Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, lejos de él estaremos en constante peligro.
El desconocimiento sobre Jesús causó una espera desnecessária.
El cojo del estanque de Betesda:
“Ahora bien, en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, hay un estanque llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos había una gran multitud de enfermos, ciegos, cojos y secos, esperando el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y removía el agua; y el primero que bajaba después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que ya había estado así durante mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser sanado? El enfermo le respondió: Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es removida; porque mientras yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y anda. Al instante el hombre quedó sano; tomó su camilla y comenzó a andar. Ahora bien, ese día era sábado. Por eso los judíos decían al que había sido sanado: Es sábado, no te es lícito llevar tu camilla. Él les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu camilla y anda. Entonces le preguntaron: ¿Quién es el hombre que te dijo: Toma tu camilla y anda? El que había sido sanado no sabía quién era, porque Jesús se había retirado debido a que había una gran multitud en el lugar. Juan 5:2-13”.
El desconocimiento de Jesús fue la razón del sufrimiento prolongado del cojo a orillas del estanque.
Este hombre solo sufrió durante tanto tiempo, 38 años en total, por falta de conocer a Dios antes del milagro. Esto queda evidente en el versículo de Juan 5:13. Vemos por la narración que en lugar de él buscar otra forma de salir de la situación, como por ejemplo, teniendo el deseo de saber quién era el Dios que hacía los milagros en el estanque. Él prefirió quedarse esperando, y solo fue alcanzado por la infinita misericordia de Dios, cuando se acercó a él en el estanque, y le preguntó si quería ser sanado.
En este pasaje percibimos que había una falta total de conocimiento del Señor Jesús de su parte, por la argumentación del mismo en Juan 5:7. El cojo aún quería argumentar, en lugar de hacer como el ciego de Jericó, que al saber que Jesús pasaba por donde él estaba, no cesó de clamar, hasta ser alcanzado por este Gran Dios.
Muchos son aquellos que están solo argumentando sus sufrimientos, fracasos, tristezas y desilusiones, mientras que otros tantos se están acercando, santicificándose, deseando y clamando a Dios por misericordia y siendo socorridos por él.
Ezequías por conocer a Dios y relacionarse con Él, fue sanado cientos de años antes del cojo, debido a su oración.
"En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte; y el profeta Isaías, hijo de Amós, fue a él y le dijo: Así dice el Señor: Ordena tu casa, porque moriras, y no vivirás. Entonces él volvió su rostro hacia la pared, y oró al Señor, diciendo: Ah, Señor, te ruego que recuerdes cómo he andado delante de ti en verdad, con un corazón perfecto, e he hecho lo que es bueno ante tus ojos. Y Ezequías lloró amargamente. Entonces, antes de que Isaías saliera del patio interior, vino a él la palabra del Señor diciendo: Vuelve y dile a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice el Señor, el Dios de David tu padre: He oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí, yo te sanaré; al tercer día subirás a la casa del Señor. Aadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor de mí, y por amor de David mi siervo." 2 Reyes 20:1-6.
Vale la pena tener conocimiento real de Dios.
Decisión difícil de David:
“Y el corazón de David lo golpeó después de haber contado el pueblo; y dijo David al Señor: He pecado mucho al hacer esto; pero ahora, te ruego, Señor, quita la iniquidad de tu siervo; porque he actuado muy neciamente. Y por la mañana, David se levantó y vino la palabra del Señor al profeta Gad, vidente de David, diciendo: Ve y habla a David: Así dice el Señor: Te ofrezco tres cosas; elige una de ellas, para que yo la haga. Y Gad fue a David e hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que siete años de hambre vengan sobre tu tierra; o que huyas tres meses delante de tus enemigos mientras ellos te persiguen; o que haya tres días de peste en tu tierra? Ahora delibera, y mira qué respuesta debo dar al que me envió. Entonces dijo David a Gad: Estoy en gran angustia; pero caigas en mano del Señor, porque muchas son sus misericordias; pero en mano de los hombres no caiga yo. Entonces el Señor envió la peste sobre Israel, desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron setenta mil hombres del pueblo desde Dan hasta Beerseba. Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, el Señor se arrepintió del mal; y dijo al ángel que destruía entre el pueblo: Basta ya, retira tu mano. Y el ángel del Señor estaba junto a la era de Arauña el jebuseo. Y David viendo al ángel que heria al pueblo, habló al Señor, diciendo: He aquí, yo soy el que he pecado, y yo el que he hecho iniquidad; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Sea pues tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre. 2 Samuel 24:10-17”.
Las experiencias hacen que tomemos las decisiones correctas, como hizo David:
Este texto nos muestra lo que es tener conocimiento de verdad, pues la experiencia de David con Dios, lo llevó a una decisión difícil, pero acertada, pues aunque él mismo reconociendo su error, y también sabiendo qué cosa horrible es caer en manos del Dios vivo, incluso así él prefirió caer en las manos de este Dios, que es rico en misericordia, y fue perdonado. El conocimiento personal de David en relación a Dios, le permitió saber que Dios tendría misericordia de él, y que cesara su ira. Necesitamos aprender de David, y traer el Dios de las historias bíblicas a nuestras vidas, y hacer de él nuestro refugio y fortaleza.
Si es para esperar, que sea en Dios, pues él trabaja a favor de aquellos que en él esperan.
Tenemos razones para tener esperanza:
“¡Ojalá rasgaras los cielos, y descendieras, y los montes se derritieran de tu presencia! Como fuego que abrasa, fuego que hierve las aguas, para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, y que las naciones tiemblen ante tu presencia. Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos, descendiste, y los montes se derritieron de tu presencia. Porque desde la antigüedad no se ha oído, ni con oídos se ha percibido, ni los ojos han visto a un Dios alén de ti que obra para aquel que en él espera. Isaías 64:1-4”
Si esperamos en Dios, no nos preocupemos, pues este mismo Dios de los relatos bíblicos, en este mismo momento está trabajando a nuestro favor, y su exigencia es muy simple, que estemos en santidad delante de él, todo el tiempo, firmes y constantes.
Cuando conocemos a Dios, podemos ayudar en la transformación de la vida de otros.
Dios actuando a través de sus siervos:
“Y Pedro y Juan subian juntos al templo a la hora de la oración, la novena. Y era traido un hombre cojo desde el vientre de su madre, el cual todos los días lo ponian a la puerta del templo llamada la Hermosa, para pedir limosna a los que entraban. El cual, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les pedía que le dieran una limosna. Y Pedro, con Juan, fijó los ojos en él, y dijo: Mirános. Y él los miró, esperando recibir de ellos algo. Y Pedro dijo: No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, eso te doy. En el nombre de Jesucristo el Nazareno, levántate y anda. Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; e inmediatamente se afirmaron sus pies y tóbillos. Y saltando, se puso en pie, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios; Hechos 3:1-9”.
Certeza en quien se ha creído:
Si Pedro no tuviera conocimiento, una experiencia real con Dios, no tendría la fe y el valor para determinar que el cojo se levantara y anduviera, tampoco citaría el nombre del Dios en quien creía, pero habiendo sido usado en muchos otros milagros, pues sabemos que incluso su sombra sanaba, así ordenó con fe “No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, eso te doy. En el nombre de Jesucristo el Nazareno, levántate y anda”.
Pedro siendo un agente de transformación en la vida del cojo:
El cojo tuvo su vida transformada, habiendo dejado de ser mendigo y pasando a poder trabajar por su propio sustento, por el conocimiento personal de Pedro con Dios, el cual sabía que nuestro Jesús, Dios y Señor no permitiría que su nombre fuera mencionado por un hombre de fe, sin realizar el milagro esperado. La fe de Pedro fue tan tremenda que se tomó la responsabilidad para sí mismo y dijo al cojo: “Mirános” y después dijo más “No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, eso te doy. En el nombre de Jesucristo el Nazareno, levántate y anda.”. Pedro tenía alén de oro y plata, él tenía a Jesús, el dueño del oro y la plata, que podía hacer milagro en la vida del cojo para que no necesitara más ser avergonzado, ridiculizado, pidiendo limosna sino que viviera por sus propios medios.
Conociendo a Dios, él nos revelará cosas tremendas y particulares.
Revelación particular al apóstol Pablo:
“Ciertamente no conviene que me gloríe; pero iré a visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que tal hombre (si en el cuerpo, si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado al paraíso; y oyó palabras inefables que no le es lícito al hombre expresar. 2 Corintios 12:1-4”.
Dios tiene cosas especiales y particulares para revelar a cada uno de sus siervos:
En el texto anterior el apóstol Pablo habla de una revelación que tuvo, y fue una revelación particular, en la cual él vio cosas que no le fue permitido hablarnos. Cuando conocemos a Dios, viviendo las experiencias que él nos permite, este mismo Dios tiene placer de revelarnos cosas tremendas, y hacer en nuestras vidas cosas gloriosas, y muchas de ellas son particulares, únicas, solo para nosotros y nadie más.
Vemos otro ejemplo, pues Jesús tenía doce apóstoles, pero solo Pedro, Santiago y Juan lo vieron glorificado, y en la misma visión también vieron a Moisés y Elías, Mateo 17:1-4, obviamente que los demás apóstoles tenían vida con Dios, el apóstol Esteban incluso murió por el evangelio, pero le plugo a Dios, elegir solo a estos tres para concederles esta experiencia maravillosa.
Conclusión
Alguien ya dijo que de nada vale tener la medicina para una enfermedad que tenemos, si no estamos dispuestos a tomarla, dependerá de esta acción la cura. Jesús es la medicina para cualquier enfermedad, la solución para cualquier problema, sin embargo, necesitamos quererlo, desearlo, conocerlo, relacionarnos con él, para que él traiga transformación y solución a nuestras vidas.
Vemos por las citas anteriores, que aquellos que lo hicieron, fueron sorprendidos por el actuar de Dios en sus vidas, con bendiciones sin medida.
Que Jesús, el Único Dios y Señor bendiga tu vida, y que tú también seas bendición en la vida de otras personas.

