Observemos estas dos afirmaciones:
"...Ciertamente morirás"(Gn, 2:17).
"...Ciertamente no moriréis" (Gn, 3:4).
La primera se trata de una afirmación hecha por Dios al hombre que, si pecara, ciertamente moriría.
En la segunda, tenemos la voz de la serpiente diciendo a la mujer que, aunque pecara, no habría muerte, ni para ella, ni para su marido.
La afirmativa de Dios al hombre nada tiene que ver con la espuria doctrina de la mortalidad del alma, incluso porque ésta ya fue creada eterna por Dios cuando sopló en las narinas del hombre el aliento de vida (Gen.2:7). Aliento este no soplado en ningún otro ser o alma viviente.
El intento de Satanás fue engañar a Eva, alegando que ellos no morirían físicamente. Pero Dios les había dicho que ciertamente morirían.
Si no murieran físicamente después del pecado, estaría probado que Dios no decía la verdad.
Ellos comieron y no murieron, lo que hizo parecer que Dios los había engañado, pero el Señor hablaba de la MUERTE ESPIRITUAL (separación de Dios), es decir, la caída del hombre.
En la muerte espiritual se da la separación de Dios por causa del pecado que divide al hombre del Eterno, pero nunca se podría de ahí concluir que el alma es mortal, en el sentido de acabarse o extinguirse como ocurre con el cuerpo físico.
Hoy, aún, Satanás habla a través de doctrinas desprovistas de revelaciones divinas, contrariamente a la Palabra de Dios, como lo hizo aquí en este principio.
La técnica del enemigo es la misma: intentar cambiar la verdad de Dios en mentira. Anuncian la mentira de la mortalidad del alma en nuestros días, los "Russelistas" y los "Sabatistas", colocándose como adeptos y obreros de la astucia satánica.
"Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual." (I Co, 15.44 ).
Para gozar de la plenitud de las maravillas de Dios, tenemos que despojarnos de este cuerpo animal, con desintegración física, como sucede con la semilla, y revestirnos de un cuerpo espiritual, cuyo poder y acción no pueden ser limitados, ni por el tiempo, ni por el espacio o cosa alguna.
¿QUÉ ES ALMA?
I Ts, 5.23 y Hb, 4.12 describen sobre la existencia de cuerpo, alma y espíritu:
"Y el mismo Dios de paz os santifique en todo; y todo vuestro espíritu, y alma, y cuerpo, sean plenamente conservados irreprochables para la venida de nuestro Señor Jesucristo." (I Tesalonicenses, 5:23).
"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que espada alguna de dos filos, y penetra hasta la división del alma y del espíritu, y de las coyunturas y médulas, y es apta para discernir los pensamientos e intenciones del corazón." (Hebreos, 4:12).
Siendo el cuerpo la parte material (Soma o Sarkos); alma (vida) poseída por los animales racionales o no, es Nephesh o Ruah; Espíritu (aliento eterno) poseído solamente por el hombre, Psishe o Pneuma.
Para responder qué es alma precisamos saber de lo que nos hablan los textos anteriores, ya que en nuestra traducción alma se refiere tanto al espíritu (aliento de vida) como a la sangre (vida de la carne).
En los originales encontramos las palabras hebreas y griegas que designan cada parte, es decir:
Soma/Sarkos: indica el cuerpo y se usa para referencia a todos los animales.
Neophesh/Ruah: indica alma animal, siendo que Ruah a veces se traduce como alma espiritual refiriéndose al hombre.
Psishe/Pneuma indica el espíritu (aliento espiritual) y sólo se usa cuando se refiere al hombre, pero a veces se traduce usando la palabra alma en portugués.
El alma, espíritu o aliento divino en el hombre (hebreo: Neshamah) que Dios sopló exclusivamente en el hombre, no se aplica a los irracionales conforme está en los versículos que siguen: Gn, 2.7; Job, 27.3-33; Is, 42.5-57; Pv, 20.27; Js, 11.11-14; y Dt, 20.16.
Los vocablos Ruah, Nephesh y Neshamah son empleados para designar alma en el sentido espiritual, siendo que Ruah y Nephesh sirven para designar también alma animal (sangre), mientras que Neshamah se aplica para denominar sólo animales.
Mateo 10.28: "No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma (Psishe), temed antes al que puede hacer perecer en la Gehena, tanto el alma como el cuerpo"
Eclesiastés 12.7: "el polvo vuelva a la tierra como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio".
Hechos 7.59, Esteban exclamó: "Señor Jesús recibe mi espíritu (Pneuma)".
En Lucas 23.46, clamando en alta voz dijo: "Padre en tus manos encomiendo mi espíritu (Pneuma), habiendo dicho esto, expiró".
Tenemos aún Lucas 16.22-23; Filipenses 1.23; Hebreos 12.23; Apocalipsis 6:9.
Extraído del libro:
¿QUÉ ES OBRA EN RESTAURACIÓN ?
Autor: Pr. Samuel Alves de Arruda. São Paulo: Editora Maanaim. 1995. 1.ª ed, p.53-54

