Entonces la portera le dijo a Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este Hombre?..." (Juan 18.17)
Por donde andamos o donde pasamos, siempre somos notados por causa de nuestra disposición en obedecer la sana doctrina y somos cuestionados acerca de nuestra fe en Dios, de la manera en que vivimos y del cambio de vida y todo relativo a eso. Estamos viviendo tiempos en que ser creyente se ha vuelto moda; un enorme número de personas que, en posesión de una Biblia, dicen servir a Dios, pero, su corazón no corresponde a la voluntad divina, elucidada en las Escrituras. Pero nosotros entendemos que servir a Dios es cuestión de compromiso y de responsabilidad.
Compromiso porque, a partir del momento en que nos entregamos a Jesús, tomamos la decisión de OBEDECERLE en todo, pues, ningún siervo que es siervo hace su propia voluntad sino la de su señor; Responsabilidad porque Jesús nos dijo que somos la LUZ del mundo, luego debemos portarnos ante los pecadores con un modo de vida transformada por Dios mostrando que somos diferentes.
Jesús no dijo que somos transportadores de la luz sino la luz, no apenas propagamos el mensaje del Evangelio como también somos el propio mensaje con nuestra nueva manera de vivir.
Uno de nuestros hermanos primitivos también fue notado por su manera diferente de vivir. Se nota por la pregunta que la portera hizo a Pedro: "... ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre?..." (Juan 18.17); Pedro fue interrogado por aquella mujer en virtud de que los discípulos de Cristo se destacaban entre las otras personas.
Sí, podía distinguirse los seguidores del Mesías de la multitud que andaba detrás de él buscando recibir algo. Pedro no era de la MULTITUD, sino de aquellos que SEGUÍAN al Salvador de nuestras almas. Sin embargo, oyendo la indagación de aquella mujer, quizás por miedo de ser criticado por otros que ali estaban, negó a Su Maestro ante tales. Jesús nos dijo que no debemos avergonzarnos de él, al contrario, sino confesarlo como Señor de nuestras vidas (Mateo 10.30-32).
Siempre habremos de pasar por desventuras como esa que Pedro pasó; personas que se atreven a criticar nuestra fe, nuestra manera de vivir diferente de los demás, nuestras ropas, nuestra disposición en obedecer la sana doctrina. Debemos, pues, ser siempre osados, declarándonos como siervos de aquel que se entregó por nosotros, cuya sangre nos purificó de nuestras miserias, convirtiéndonos en nuevas criaturas para gloria de Su nombre (2 Corintios 5.17).
Otra razón porque la portera indagó a Pedro era nada más, nada menos para saber la convicción de aquel apóstol, en otras palabras, ella estaba queriendo decir a Pedro: "Los discípulos huyeron, tu Maestro fue preso, ¿y tú? ¿Qué dices acerca de eso? ¿Retienes tu fe en ese nazareno?"
Muchos huyen de la realidad de servir a Dios con un espíritu recto y sincero, nuestro Maestro está "preso", sí preso en la galería de las leyendas por aquellos que refutan Su existencia, ¿y nosotros? ¿Cuál es nuestra posición ante eso?
Aunque muchos quieran reducir a cenizas nuestra firme convicción en el Salvador, debemos decir con claridad de palabras que somos seguidores de Cristo, y que Él verdaderamente vive, a través de nuestra conducta social.
Cuando la portera preguntó a Pedro si él era discípulo de Cristo quería saber por qué un seguidor de Cristo estaba "calentándose" entre los otros (Juan 18.18,19), como quien estaba queriendo decir: "Si tú eres discípulo de este Hombre, ¿por qué estás entre aquellos hombres?"; Se percibe allí que todo aquel que, verdaderamente sirve a Dios, no tiene sociedad con quien anda en la desobediencia de este mundo, sino, procura hacer la diferencia glorificando al Señor en todas las áreas de su vida (Salmos 103.1; 1 Corintios 10.31).
La iglesia en este mundo es como un barco en alta mar: el barco está en las aguas, pero, las aguas no están en el barco; tal cual es la iglesia, ella está en el mundo, pero, el mundo no está en ella. Hagamos la diferencia, pues, el Señor Se agrada de aquellos que Lo temen dando testimonio de Su amor ante la sociedad.
¿Somos verdaderamente seguidores de Cristo? ¿Estamos confesando con vehemencia Su nombre ante los que no Lo temen? Muchos están por allí, queriendo saber la razón de nuestra firme convicción de servir a Dios, sin embargo, debemos ser auténticos, nada teniendo que temer, sino demostrando nuestro vivir piadoso ante la sociedad, tan desviada de Dios.
Jessé Caleb A. Sanches
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