Y considerémonos unos a otros, para estimularnos al amor y às buenas obras,
No dejando nuestra congregación, como es costumbre de algunos, antes admoníendonos unos a otros; y tanto más, cuanto veis que se va aproximando aquel día.
Hebreos 10:24 y 25
¿Cómo saber si tiene lo que yo llamo de “Síndrome del Laberinto”?
Vivimos en un mundo donde el egoísmo, la soberbia y el individualismo toman cuenta. Muchos viven como si su vida fuera el centro de las decisiones, teniendo la preocupación de buscar solo sus deleites o placeres, la satisfacción y beneficios personales, sin la menor preocupación si sus actitudes irán disgustar o perjudicar a aquellos que están a su alrededor, sea en la vida personal, profesional o espiritual.
Pero, cuando miramos la Palabra de Dios vemos que las enseñanzas son para considerarnos unos a otros, ¿y cómo se considera a alguien?
Considerar es valorizar, reconocer las cualidades e incentivar a las personas a ver y usar su potencial, así hay estímulo al amor y às buenas obras.
Nos aconseja también, a admonernos unos a otros, ¿qué es eso?
Amonestar nos trae el sentido de aconsejar, avisar, orientar a alguien de su manera de proceder, y esto se completa con el texto que nos advierte sobre la llegada “de aquel día”, el grande y glorioso día del Señor.
Pero, hay aquellos que cuestionan, ¿cómo mirar a las personas, si ellas solo nos hacen mal?
Encontramos la respuesta en las escrituras en Efesios 4:32, que dice: “Antes sed unos para con otros benignos, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó en Cristo.”
Actuar con benignidad es tener bondad, misericordia es tener compaxión y solidaridad, y debemos perdonar, de la misma forma que necesitamos del perdón de Dios.
Vea aún lo que nos orienta el Apóstol Pablo en Gálatas 5:26, “No seamos codicioso de vangloria, irritándonos unos a otros, envidiandonos unos a otros.”
Sea paciente, no sea egoísta, no se irrite ni tenga envidia de otros, sepa que usted hace parte de un mundo, y no tiene un mundo para sí. Entienda que el mundo no gira a su alrededor, y que las circunstancias de la vida no son objetos para su favorecimiento ni las personas a su alrededor están solo para servirle.
Sepa convivir con las diferencias, usándolas para que la vida sea completada, pues el patrón de la perfección no es un hombre, sino Cristo Jesús, el verdadero Dios.
Cree condiciones para reconocer y mostrar el valor de aquellos que están a tu alrededor, sean de los que trabajan o adoran contigo.
Cuidado, pues cuando usted mira y se ve como centro y todas las cosas girando a su alrededor, usted puede estar con el síndrome del laberinto, que es un comportamiento que le trae desequilibrio, ansiedad y la sensación que todo acontece por su causa. Por eso, podemos comparar con el laberinto físico. Ese, usted necesita buscar un médico, pero, el síndrome que describo necesita de ayuda espiritual para alcanzar la cura y equilibrio, expandiendo su visión, sabiendo el valor de cada individuo en la vida.
Medite:
Llevad las cargas unos de otros, y así cumpliréis la ley de Cristo. (Gálatas 6:2)
Pr. Wilson de Lima Salustiano
Máster en Psicología Pastoral

