El propósito de estos dos breves artículos es justificar por qué no adopto el sistema teológico que quedó conocido en la historia de la iglesia cristiana como arminianismo, nombre debido a su defensor, Tiago Arminio (1560-1609), en contraposición al sistema opuesto que fue cognominado de calvinismo, en homenaje al gran reformador francés João Calvino (1509-1564). El presente artículo revelará para el lector la primera razón.
El sistema arminiano fue presentado de forma sistemática a la iglesia holandesa en 1610, por discípulos de Tiago Arminio, en la forma de cinco puntos que sintetizaban los enseñanzas del profesor holandés y alteraban los enseñanzas de los reformadores, diferenciándose de ellos no apenas en términos de énfasis, sino de contenido. Los cinco puntos del arminianismo presentados en la Remonstrance (Representación) son los siguientes:
(1) Libre Albedrío (o capacidad humana: el hombre, aunque caído, todavía tiene condiciones de atender por sí mismo al llamado del evangelio, viniendo por sus propios recursos al arrepentimiento y ejercer la fe; para los arminianos no existe muerte espiritual en términos absolutos;
(2) Elección Condicional (Dios no habría marcado a nadie para salvarse o perderse, sino que la elección antes de la fundación del mundo sería basada en la presciencia divina, que elegiría a aquellos que de antemano previó que irían a arrepentirse y creer, siendo, por lo tanto, el conjunto de los elegidos abierto, sin garantizar la seguridad de cualquier persona antes del cierre de su historia;
(3) Expiación General o Ilimitada (Jesucristo no habría muerto por personas específicas, sino por toda la humanidad, apenas posibilitando la salvación de cualquier persona que, dentro de la historia, crea en su muerte expiatoria, aunque eso no sea suficiente para garantizarle la absoluta seguridad, una vez que la salvación depende de la perseverancia en la fe, y no se sabe con certeza quién irá a perseverar hasta el fin;
(4) Gracia Resistible (En la concepción arminiana, la gracia de Dios puede ser resistida en el acto de la salvación y, cuando el pecador accede a ella, hasta mismo después de “salvo”, el hombre puede resistir a Dios de modo a venir a perderse total y finalmente);
(5) Inseguridad de la Salvación (Nadie puede garantizar que los que son verdaderamente regenerados vayan a perseverar hasta el fin, o sea, una persona que hoy se presume salva, mañana podrá venir a perder su salvación). Es bueno recordar que, del sistema arminiano formulado por los remonstrantes, Arminio discreparía del 5º punto, pues, a pesar de toda su incapacidad de entender lo que los reformadores enseñaron, jamás dudó de la Perseverancia de los Santos.
En 1618, un concilio internacional constituido de 84 renombrados eruditos reformados se reunió en la ciudad de Dort, en Holanda, para analizar y responder a los remonstrantes, formulando, en 1619, después de siete meses de discusiones en 154 secciones, los importantes Cánones de Dort, dispuestos en cinco capítulos cuyos títulos quedaron siendo conocidos como los Cinco Puntos del Calvinismo, en homenaje al gran reformador João Calvino. Estos cinco puntos, pues, son la síntesis de la enseñanza reformada, no apenas suscrito por João Calvino, sino por todas las confesiones de fe históricas y catecismos reformados, a saber, Confesión de Fe de los Países Bajos, Catecismo de Heildelberg, Segunda Confesión Helvética y Confesión de Fe de Westminster, y, como bien quedó demostrado en los Cánones de Dort, reflejan la verdadera enseñanza de las Escrituras reafirmada por los reformadores y negada por los remonstrantes.
Los Cinco Puntos del Calvinismo son los siguientes:
(1) Depravación Total (Los hombres no regenerados, después de la caída, son totalmente incapaces de elegir el bien cuanto a cuestiones espirituales, ya que están muertos en delitos y pecados, siendo habilitados apenas por un milagro de resurrección espiritual, que ocurre cuando de la regeneración, vea Ef 2:1-10);
(2) Elección Incondicional (Dios, antes de la fundación del mundo, en su propósito eterno y soberano, según el consejo de su voluntad, en amor eligió algunos pecadores para la salvación, independiente de cualesquiera méritos que en ellos se observasen, ni tampoco previsión de arrepentimiento y fe, vea Ef 1.3-12; 2Ts 2.13; Jo 6.37, 39, 6.65; At 13.48);
(3) Expiación Limitada (Al enviar su Hijo para ser muerto por causa de los pecados de los hombres, Dios, en la verdad, tenía en mente propiciar el único medio para que sus elegidos pudiesen ser salvos, lo que les garantiza eterna salvación, mientras la expiación arminiana es universal y, sin embargo, no garantiza la salvación de nadie en términos absolutos; la mejor demostración de esta verdad fue hecha por John Owen en el libro ¿Por quién murió Cristo?, PES, y yo le aconsejo a leer la discusión detallada allí, inclusive las respuestas a las objeciones a este enseñanza lógico y claro de las Escrituras; Mc 10.45; Tt 2.14; Hb 9.28; At 20.28; Ef 5.25; Jo 17.6, 9; Hb 9.12; Ap 5.9);
(4) Gracia Irresistible (Los elegidos, dentro del tiempo, serán llamados por Dios para salir de sus sepulturas espirituales, esto de un modo irresistible, en el acto de la aplicación de la redención por el Espíritu Santo (regeneración), una vez que esta redención eterna fue-les conquistada objetivamente por Dios Hijo. El apóstol Paulo dice Rm 8.28-30: Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que aman a Dios, de aquellos que son llamados según su propósito. 29 Porque a aquellos que de antemano conoció, también los predestinó para ser conformes a la imagen de su Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a aquellos que predestinó, a esos también llamó; y a aquellos que llamó, a esos también justificó; y a aquellos que justificó, a esos también glorificó. Vea también Jo 6.37, 39, 65; Tt 3.3-6; Ef 2.1-10);
(5) Perseverancia de los Santos (La salvación del elegido es eterna, una vez que la misma gracia de Dios que los salvó actuará eficazmente en sus vidas, de manera que no podrán caer total y finalmente, pues justificación, regeneración y adopción son irreversibles.
Es verdadera la afirmación de la Escritura que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús ” (Rm 8.1). Vea también Jo 10.28-30: “25 Respondió-les Jesús: Ya vo-lo dije, y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre testifican a mi respecto. 26 Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. 27 Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. 28 Yo les doy la vida eterna; jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Aquello que mi Padre me dio es mayor que todo; y de la mano del Padre nadie puede arrebatar. 30 Yo y el Padre somos uno.”).
Pues bien, al analizar lo que los reformadores enseñaron fundamentalmente, cuyo resumen son los Cinco Puntos del Calvinismo, y constatar la total consistencia de esos enseñanzas con las Escrituras, no pude hacer otra opción y mi péndulo teológico se inclinó irresistiblemente para el Calvinismo.
En el decir de Paulo Anglada, en Calvinismo – Las Antiguas Doctrinas de la Gracia, Editora Os Puritanos, SP, 1996, “Las antiguas doctrinas de la gracia son un sistema lógico, coherente y armonioso. Los así llamados puntos del calvinismo revelan cómo es posible la redención eterna de personas pecadoras totalmente depravadas, en consecuencia del pecado original, por el Dios Triunidad: el Padre elige incondicionalmente, el Hijo redime objetivamente los elegidos, y el Espíritu Santo aplica eficazmente la redención al corazón de aquellos por quienes Cristo murió”. Por fin, Anglada dice: “La doctrina calvinista de la perseverancia de los santos es la conclusión inevitable y bíblica de la obra de la redención. El hombre, en su estado natural, está totalmente depravado – es decir, tuvo sus facultades espirituales completamente corrompidas, tornándose enemigo de Dios, muerto en sus delitos y pecados.
Dios el Padre movido por su infinito amor eligió, antes de la fundación del mundo, algunos de entre estos para manifestar su misericordia, eligiéndolos para ser santos e irreprensibles. Viniendo la plenitud de los tiempos, el Señor Jesús Se hizo carne, cumplió la ley y murió en la cruz por los elegidos de Dios, expiando objetivamente la culpa que les fuera imputada por el pecado de Adán. En la época propia, plugo a Dios llamarlos eficazmente, aplicando soberanamente Su gracia especial para la salvación, independientemente de cualquier mérito de parte de ellos. ¡Qué absurdo imaginar que, después de todo esto, el redimido pueda apartarse totalmente de la gracia de Dios y perder la salvación!”
Así, como estoy convencido de que esos dos sistemas son los dos polos en que podemos nos situar teológicamente, de modo que no se puede ser lógica, coherente y bíblicamente, arminiano y calvinista, o una mezcla “calvinminiana” que contenga un porcentaje de uno y de otro sistema al mismo tiempo, se sigue que tuve de optar entre uno y otro. O usted es arminiano o usted es calvinista, y no una mezcla de esos dos sistemas mutuamente exclusivos. Opté, como no podría dejar de ser, por el calvinismo, una vez que él refleja el sistema enseñado por los apóstoles y por el propio Jesús. No me avergüenzo de estar en la compañía de los más nobles santos de la historia de la iglesia, como Agustín, Lutero, Calvino, John Knox, John Bunyan, John Gill, John Owen, George Whitefield, Jonathan Edwards, Spurgeon y otros. Estoy en buena compañía, ¿usted no lo cree?
Ahora, cuando se habla en arminianismo, el sistema de la incertidumbre, de la duda, del pesimismo, del miedo, de la inseguridad, sólo quién sufre de los mismos problemas que su articulador es que puede abrazarlo. Sólo puede ser calvinista quien tiene fe suficiente para someterse a la soberanía de Dios y puede aceptar lo que las Escrituras enseñan claramente, sólo los elegidos convictos de su posición es que pueden ser calvinistas.
Por séculos, los arminianos convivieron con su sistema sin llevarlo a sus extremos lógicos y, por consiguiente, sin revelar de hecho su verdadera faz. Los cinco puntos que enumeramos son apenas la punta del iceberg del arminianismo. ¿Quieres saber qué estaba realmente escondido en el sistema arminiano y que hoy declaradamente está siendo defendido por los arminianos que se atrevieron a llevar el arminianismo a sus extremos lógicos? Una frase sólo: Open theism (¡Teísmo abierto!). ¿Sabes qué es esto? En el próximo artículo te lo explico. Esta será la segunda razón por la que no soy arminiano. La punta de su iceberg ya me alejó de él, y el cuerpo del iceberg, por cierto, me mantendrá definitivamente en el otro polo, en el puerto seguro del calvinismo, en excelente compañía. Concluyo en la parte 2 de este artículo.
Por Pr. Fabiano Antônio Ferreira, D.D. - Hasta el próximo y la paz del Señor
(Estudio hecho en el Colegio de Pastores en la Obra de la Restauración de Todo (1) – Abril/2003)
En este segundo artículo, expongo la segunda razón que me distanció definitivamente del arminianismo. El hecho es que Dios, en todas las épocas, “necesitó” de hombres que nutrieran una correcta perspectiva de él, de sí mismos y de sus semejantes. Por cierto, este es el objetivo supremo de la vida cristiana y la meta de la verdadera espiritualidad. Hombres que vieran a Dios por una correcta perspectiva teológica, viéndolo por la óptica de la Escritura: un Dios infinito, soberano, omnipotente, omnisciente, omnipresente, que rige su mundo creado con sabiduría infinita y que dispone de medios eficaces planificados de antemano para llevar la historia al fin que él mismo planeó, obrando siempre según el consejo de su santa voluntad.
Hombres que se vieran como el gran apóstol Pablo – y en esta santa fila podemos colocar a Lutero, Calvino, Jonathan Edwards, Matthew Poole, John Owen, John Gill, C. H. Spurgeon, D. M. Lloyd-Jones, Gerstner, R. C. Sproul, etc., y quién sabe yo y tú, la historia dirá -, que se consideraba el mínimo entre los santos, el principal de los pecadores, ejemplo de aquellos que habrían de creer en Dios, un verdadero referente para los elegidos de Dios contemporáneos suyos y sus sucesores. Que también veía a los hombres por una correcta perspectiva espiritual, por la óptica de la doctrina acerca del hombre revelada en la Escritura.
Para el apóstol Pablo, los hombres eran salvos o no. Los salvos eran los elegidos de Dios, predestinados para hijos de adopción por Jesucristo, llamados eficazmente por el evangelio, resucitados de sus sepulturas espirituales por la acción milagrosa del Dios triunfo para tomar asiento en los lugares celestiales en Cristo, marcados para entrar en la historia humana como ovejas del Padre e Hijo, rescatados por el sacrificio expiatorio, propiciatorio y sustitutivo del Hijo en la cruz del Calvario y regenerados por el Espíritu Santo en su vocación eficaz e irresistible, y sellados por el mismo Espíritu para el día de la redención. Su mensaje era: ¡Dios salva pecadores!
Los otros hombres, según su evangelio, eran elegidos o reprobados, lo que lo motivaba a predicar intensamente el evangelio a fin de ser el instrumento de Dios para el descubrimiento de los elegidos, que Dios soberanamente iba colocando en su camino, entre los cuales podemos citar a la vendedora de púrpura Lidia y el carcelero de Filipos.
Pablo era agradecido a Dios por ser colaborador de Dios y cooperador de Dios a favor de la Señora Elegida, la Iglesia. Era humilde, como no podría dejar de serlo, por haber sido elegido por Dios para hacer un gran servicio en su reino, que siempre estuvo consciente de que no era merecedor. Alegre decía: “Pero Dios me eligió desde el vientre” y en otro lugar, “Nos eligió antes de la fundación del mundo”.
Diferentemente de esta visión saludable de la Escritura, ilustrada con un máximo ejemplo, el del apóstol Pablo, está la visión de mundo arminiana.
Hace poco tiempo, el arminianismo, desde su concepción en contraposición al calvinismo, convivió con sus inconsistencias lógicas internas, cuando fue definitivamente llevado a sus extremos lógicos, 2 a través de sus proponentes más aferrados en el escenario evangélico canadiense y estadounidense, liderados por Clark Pinnock 3 – y ya hay representantes tupiniquins 4 del arminianismo llevado a sus extremos en esta tierra brasilí -, y llegó al punto de ver a Dios con la imagen inversa de la que se describe en la Escritura, vaciando todos sus atributos y creando un “Dios” finito e impotente (o ¿dios? o un ídolo?), que ni siquiera sabe qué podrá suceder en el futuro, teniendo en vista que hay un ser en el universo llamado hombre, libre, dotado de un “libre albedrío”, impredecible, con acciones no causadas y que es una amenaza al cumplimiento de Sus predicciones en la Escritura, por no permitir que Dios prevea ninguna de sus acciones futuras.
En la visión arminiana extremada, que es totalmente humanista y antibíblica, asumiendo una postura casi liberal (en el sentido académico e histórico del término), Dios es rebajado casi a la posición del mismo hombre caído, o tal vez un poco abajo, y el hombre sube a una estatura casi del Dios de la Biblia. Esta visión, obviamente, no es más que producto de la imaginación del hombre caído en su proyecto de autonomismo apóstata, inspirado, como no podría dejar de serlo, por el archienemigo de Dios, quien fue el primero en desear esa autonomía rebelde. El autonomismo apóstata sólo podría llevar a la deconstrucción 5 de la teología, como ya estaba previsto. De hecho, el arminianismo, que enfatiza exageradamente el autonomismo, ¡es la prueba más completa de la depravación total del ser humano!
Cuando el arminianismo extremado es asumido como visión de mundo y proporciona los presupuestos para el análisis de la Escritura, el hombre pasa a ocupar el centro de las atenciones y Dios sale a un segundo o tercer plano. Los superpoderes que los hombres pasan a tener son la evidencia de esto, pues hasta incluso los hombres no-regenerados que la Biblia enseña estar muertos en delitos y pecados pasan a no ser vistos así, sino que son vistos como capaces de ascender a los cielos, si quieren, e incluso salir de allá, si entran. Todo esto no es más que aquella antigua herejía que quedó siendo conocida en la historia de la iglesia como pelagianismo 6 o su alomorfo (otra forma), el semipelagianismo.
De acuerdo con la visión arminiana, ni siquiera Dios puede detener a un hombre tan poderoso, pero tiene de estar siempre en guardia para poder contrarrestar los problemas que el hombre crea en el universo, que pueden incluso frustrar Sus planes, y forzosamente tiene de estar cosiendo la historia hasta ver si logra hacer aquello que antiguamente predijo en la Escritura, y tal vez “impensadamente”, por “no saber” de qué era capaz el hombre. En la visión de la Escritura, todos los problemas que los hombres han causado e irán a causar, bajo instigación del archienemigo de Dios, son conocidos exhaustivamente por Dios y nunca lo sorprendieron o lo sorprenderán, pues Él es omnisciente y sabe hacia dónde va la historia y nunca perdió ni perderá el control de todo lo que sucede en el mundo creado, como suponen los arminianos extremados. Más aún, la doctrina bíblica de la providencia divina nos enseña que todo está decretado por el Dios Todopoderoso, de modo que no existe algo que ocurra sin ser producto de su decreto eterno.
Por otro lado, en el arrabal evangélico, esa visión arminiana construye a los superpastores, los verdaderos todopoderosos que amenazan ocupar el lugar de Dios, que determinan, decretan, llaman a la realidad las cosas que no son, bendicen, profetizan prosperidad y etc. En suma, hacen cosas que antiguamente sólo el Dios de la Biblia podía hacer. Quienes sufren más en todo esto son las ovejas fieles y sinceras que son manipuladas por líderes con este tipo de orientación arminiana extremada, que les ofrecen en lugar de elección y seguridad eterna y absoluta, una posición de candidatas al reino de los cielos, amenazándolas por cualquier motivo, hasta los más frívolos y banales, de perder su salvación. ¡El arminianismo es un terrorismo espiritual peor que el encabezado por Osama bin Laden! Es con profunda tristeza que constato y registro esta realidad.
Al leer la biografía de Arminio y sus obras completas, desconfío de su demencia. También desconfío de la demencia del sistema “teológico” que sus discípulos crearon, una monstruosidad humanista resultante del autonomismo apóstata, que socava la saludable visión de la Escritura que, realmente, desde que humildemente sea abrazada, puede producir instrumentos verdaderamente poderosos en las manos de Dios. La propuesta teológica arminiana prefiguraba embrionariamente la deconstrucción de la genuina teología bíblica y, forzosamente, no podría hacer otra cosa. Aunque sus defensores hoy digan que no apoyan el desconstruccionismo, en la práctica, sin embargo, están deconstruyendo toda la sána doctrina. Dios ya se encuentra deconstruido en sus atributos y, por lo que todo indica, la propia Trinidad no podrá escapar de las propuestas insanas de los arminianos extremados.
En contraparte, para que recuperes el aliento, la teología bíblica genuina ya invadió las vidas de muchos pecadores en la historia y produjo santos en la Iglesia del Dios vivo, al punto que uno de esos santos, Jonathan Edwards, pudo lanzar la alarma en su congregación, mostrando vívidamente los peligros que corren los “Pecadores en las manos de un Dios irado”. (Con aire de burla, de repente, los liberales dirían que esto fue uno de los “desatinos” del período preiluminista!). Al parecer, y también creo que R. C. Sproul, la teología arminiana y su compañero muy cercano, el liberalismo, reflejan nada más nada menos que la escena de un “¡Dios (o dios) en las manos de pecadores irados!”.
Que Dios nos guarde de las ideas perniciosas de esos pecadores airados, que están sumergiendo a muchos cristianos sinceros en un verdadero agujero negro y la fe cristiana en un lago de arenas movedizas. Cosas extrañas están surgiendo por ahí, como el teísmo libertario, la teología del proceso, la teología de la apertura de Dios (que implica un vaciamiento lógico y total de la omnisciencia de Dios, a partir del cual Dios pasa a no conocer el futuro), la emergencia rápida de un neo-gnosticismo gospel y la última novedad – digo última porque yo no soy omnisciente como los arminianos extremados, gracias a Dios, y no sé qué están preparando alrededor de este mundo – es que ya están trabajando para vaciar el infierno 7.
Era solo lo que faltaba. ¿Será que ellos, en el fondo, no están con miedo de ir para allá? Claro, por el sistema arminiano extremado, nadie puede tener certeza absoluta de salvación y de que no va a parar allá. Entonces, dicen ellos ahora, vamos a construir un túnel “teológico” para rescatar aquellas pobres almas que suponen los adversarios que estén allá (bien bajito: ¡los calvinistas!) y comencemos la empresa de disminuir su temperatura, pues puede ser que paremos allá, nadie sabe el futuro, ¡ni Dios ni nosotros! Para los liberales la tarea fue fácil, bastando deconstruir el infierno y listo: ¡problema resuelto!
El arminianismo extremado, querido lector, es, en realidad, la “teología” de la incertidumbre, de la inseguridad y de la desesperanza: un agujero negro de arenas movedizas. Fortalece al hombre y debilita o casi extingue a Dios. Es antibíblico desde sus fundamentos e inconsistente con la Escritura. Salgamos de su región inhospitalaria corriendo, aborreciendo hasta la ropa manchada de sus manchas miasmáticas y sigamos en dirección a los pastos verdecientes de la sana doctrina de la Escritura, donde oímos la voz dulce y suave del Buen Pastor, encontramos garantía de vida eterna, como también paz y seguridad absolutas por estar seguros en las manos de Aquel de quien nadie puede arrebatar sus ovejas, porque Él es mayor que todos y que todo. En las manos de ese Dios verdadero, no en las de una deidad deconstruida por pecadores airados, ¡usted puede ser realmente una bendición!
Reafirmando los ideales de la Reforma:
Sola Scriptura, Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus y Soli Deo Gloria!
* El autor es ministro en la Obra de la Restauración de Todo y pastorea la Iglesia en Filadelfia, Pensilvania, EUA. Es licenciado y licenciado en matemática, especialista en lenguas originales de la Biblia (hebreo, arameo y griego), doctor en divinidad por la Facultad de Ciencias Filosóficas y Teológicas de Río de Janeiro, estudió Hebreo en la UFRJ, cursa maestría en Antiguo Testamento en el Centro Presbiteriano de Posgrado Andrew Jumper, en São Paulo y es maestrando en Teología en el Newburgh Theological Seminary, en Indiana, EUA. Fue organizador y principal traductor de la opus magnum de Bruce K. Waltke y M. O’Connor, Introduction to Biblical Hebrew Syntax (Introducción a la Sintáxis del Hebreo Bíblico), lanzada en 2006 por la Editorial Cultura Cristá. Impartió clases de Teología Bíblica, Teología Sistemática, Teología Contemporánea, Hermenéutica, Exégesis, Lenguas Originales de la Biblia, Lengua Portuguesa e Inglés en el Colegio de Pastores en la Obra de la Restauración de Todo (SEMTIMOBRART), en Río de Janeiro. Fue el 2º. vicepresidente de la Academia Evangélica de Letras del Gran Río.
1. El Colegio de Pastores en la Obra de la Restauración de Todo (SEMTIMOBRART) tiene su sede en la Calle Guaiuba, 231, Acari, Río de Janeiro. Todas las últimas semanas de cada mes, los evangelistas y pastores se reúnen para Estudios Bíblicos y Teológicos Avanzados y clases de lenguas, con el objetivo de mantener los líderes en la Obra de la Restauración de Todo bien informados sobre las principales tendencias teológicas en el evangelicalismo contemporáneo y para reciclaje y actualización en las disciplinas de Hermenéutica, Exégesis del AT y del NT, Teología Bíblica, Teología Sistemática, Teología Contemporánea, Lenguas Originales de la Biblia, Lingüística, Inglés y Lengua Portuguesa. En 2009, hay la intención de implantar la enseñanza a distancia (EAD) en sitio específico con clases en vivo y on-demand en la nueva sede en el “Sitio Hechos 3.21” .
2. Observe que no todos los arminianos llevan el arminianismo a sus desdoblamientos extremos, quedando con la forma más suave no extremada del mismo, no trabajando sus inconsistencias internas. Cuando el arminianismo comenzó a resolver sus inconsistencias lógicas internas, revistió la forma extremada defendida por Clark Pinnock y sus camaradas arminianos, en el libro Grace of God and the Will of Man, que presenta la verdadera cara del arminianismo.
3. Si el lector quiere enterarse más profundamente de esos asuntos que abordaré de paso en este artículo, lea los siguientes libros de Clark Pinnock (autor u organizador), Grace of God and the Will of Man, The Opennes of God, A Wideness in God’s Mercy, Most Moved Mover. Antes, le aconsejo que se vacune con las siguientes respuestas dadas a esos escritos arminianos extremados: R. K. Mc Gregor Wright, A Soberania Banida: Redención para la cultura posmoderna (Editorial Cultura Cristá); Paulo Anglada, Calvinismo: Las Antiguas Doctrinas de la Gracia (Editorial Puritanos); Los Cánones de Dort (Editorial Cultura Cristá); Thomas R. Schreiner y Bruce A. Ware, Still Sovereign: Contemporary Perspectives on Election, Foreknowledge, and Grace; Bruce A. Ware, God’s Lesser Glory: The Diminished God of Open Theism. Todas esas obras pueden ser adquiridas en el sitio www.amazon.com.
4. Escuche los 2 CD’s de Ricardo Gondim sobre Predestinación y el lector, después de haber leído las obras de Clarck Pinnock citadas en la nota anterior, verá que Gondim defiende los puntos de vista del “open theism” (teísmo abierto, o teísmo libertario, o teología de la apertura de Dios), aunque de un modo velado y disfrazado, pues no cita las fuentes sobre las cuales se apoya pesadamente. Sin embargo, es fácil percibir que los presupuestos nada ortodoxos de Gondim en esos CD’s derivan de los teístas libertarios, con los cuales él, como arminiano, simpatiza, además de ser un paso adelante en los rasgos de liberalismo que demostró en Está Prohibido, lo que la Biblia permite y la Iglesia prohíbe. Pero el lector debe seguir el siguiente consejo: escuche los CD’s de Gondim sentado y bien apoyado, pues en ellos Gondim logra la hazaña de revertir la historia, calificando como ortodoxos a Pelagio, Arminio y los arminianos en general, hasta los del teísmo libertario, de los cuales él es uno de los representantes en Brasil, y condenando y calificando como herejes a Agustín, Calvino y todos los reformados que defienden, como dice él, el predestinismo. ¿Está asombrado? Vaya a verificar y luego me responda: ¿Será Gondim el alter-ego (“otro yo”) de Pinnock o de Richard Rice en Brasil? El tiempo nos lo dirá. Pienso que quien ha visto con tan buenos ojos la teología de Charles Finney, como es el caso de Gondim, solo puede usar el Soli Deo Gloria de los reformadores al final de sus artículos como un disfraz. ¡Cuidado, lector! En verdad, hoy, en 2009, el tiempo ya nos ha revelado toda la verdad. La asumida Teología Relacional de Ricardo Gondim, que lo llevó a la expulsión de la Asamblea de Dios, nos muestra el carácter lógicamente predictivo de este artículo cuando fue originalmente escrito en 2003. Era previsible que las posiciones nada ortodoxas de Gondim, en un claro reflejo de las mismas asumidas por sus mentores intelectuales, Pinnock y Rice, vinieran a causar incomodidad y llevaría a un análisis lúcido y un confrontación con la ortodoxia protestante centenaria, además, con la propia Escritura, y fueran justificadamente condenadas.
5. Según Ricardo Quadros Gouvêa en Fides Reformata 2/1, p. 64: “El desconstruccionismo es una práctica de lectura basada en una hermenéutica de sospecha en la que el texto es entendido a partir de su auto-desintegración teórica. La deconstrucción implica la subversión, la descentalización de cualquier origen perceptible de discursos autoritativos asociados a ‘metanarrativas’, es decir, macroestructuras teóricas como, por ejemplo, sistemas filosóficos y teológicos”.
6. Pelagianismo – la esencia de la enseñanza de Pelagio era su idea errónea de que el arbitrio, incluso en el estado caído de los hombres, era esencialmente libre de la corrupción del pecado y poseía la capacidad en sí mismo de elegir y realizar buenas obras, conforme R. K. Mc Gregor Wright, A Soberania Banida, p.23. También, según define este mismo autor en la p. 256, “el semipelagianismo fue una teología de acomodación surgida en el s. 5, que enseñaba que la gracia de Dios no era necesaria para que el libre albedrío comenzara a actuar de modo correcto.”
7. PINNOCK, Clark H., A Wideness in God’s Mercy
Pr. Fabiano Antonio Ferreira, D.D.

