Se cuenta que, hace algunos siglos atrás, en la época de la esclavitud, sucedió un hecho conmovedor y marcante, que sirve de ejemplo para nosotros cristianos:
Un joven de 16 años fue vendido como esclavo, y como todo buen trabajador desarrollaba su trabajo con coraje y dedicación. Con esto, fue ganando la confianza de su patrón, que pronto percibió que aquel joven era diferente, pues de hecho, era un joven cristiano.
Pasando algunos meses, el patrón necesitó hacer un viaje de negocios; pero antes de viajar, necesitaba dejar a alguien responsable para cuidar de los negocios, es decir, la compra y venta de esclavos. Y no encontró otra persona que tuviera el carácter, confianza y responsabilidad que tenía aquel joven.
Entonces, llamándolo, dijo: veo que eres capaz de administrar los negocios mientras yo vuelvo; ten cuidado de no comprar esclavos viejos, enfermos y débiles que no tengan condiciones de trabajar. El patrón siguió su viaje y el muchacho administraba de forma perfecta como fue instruido.
Después de algunos días el patrón vuelve, y para su sorpresa, se encuentra con una escena inesperada; el joven había comprado un hombre viejo, enfermo, sin fuerza; y además, estaba en una cama especial siendo bien tratado por el muchacho.
El patrón sin entender lo que estaba sucediendo, pregunta: ¿este hombre es tu padre, tu tío o algún pariente tuyo? No señor, responde el muchacho. ¿Entonces por qué desobedeciste mis órdenes y compraste este hombre en esta situación? Entonces el muchacho respondió: ”es que cuando yo era pequeño presencié este hombre apuñalar y matar a mi madre frente a mí. Pero como soy un cristiano, tengo una biblia que dice “Por lo tanto, si tu enemigo tiene hambre, dále de comer; si tiene sed, dále de beber; porque, haciendo esto, amontonarás brasas de fuego sobre su cabeza”.
No te dejes vencer del mal, sino vence el mal con el bien. (RM 12:20,21); y eso es lo que estoy haciendo con él.”
Aquí vemos un ejemplo de perdón. Muchas personas no perdonarían, como este muchacho lo hizo. No es fácil, frecuentemente, perdonar, y cuanto mayor es la intimidad que tenemos con aquel que peca contra nosotros, más difícil es perdonarlo.
Las Escrituras nos enseñan, sin embargo, que la mala voluntad en perdonar a otros nos retira el perdón divino. Jesús enseñó: "Porque, si perdonáis a los hombres sus ofensas, también vuestro Padre celestial os perdonará; si, por el contrario, no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mateo 6:14-15).
Puesto que todos los individuos responsables ante Dios necesitan de perdón, es por lo tanto indispensable que entendamos y practiquemos el perdón. Medita en estas palabras y ora así: “Señor, ve si hay en mí algún camino malo, y guíame por el camino eterno”.
Reflexión enviada por la hermana Vone de la ciudad de Araraquara-SP.

