Con la llave, abres la puerta de un auto, incluso puedes encenderlo, pero si no sabes conducir o cómo desactivar la alarma, no irás a ningún lado y, en lugar de servirte, te causará pérdidas.
Un auto, además de guiarlo, necesita ciertos cuidados:
1. Verificar la cantidad de Combustible;
2. Verificar el aceite del motor, cambio y frenos;
3. Verificar la presión de los neumáticos;
4. Si los frenos están funcionando o no;
5. El motor y cambio deben estar en perfecto estado;
6. Verificar el agua del radiador;
7. Faros y direccionales;
En fin, todo debe estar en perfecto estado, como también tener la licencia de conducir y los documentos del vehículo.
Salomón escribió:- “Comparando una cosa con otra para hallar la razón”. Eclesiastés 07:27.
“Y Jesús dijo:- Si os hablé de cosas terrestres y no creísteis, ¿cómo creeris si os hablo de las Celestiales?” Ev. Juan 03:12.
La palabra de Dios nos enseña que debemos orar y velar. “Velad y Orad, para que no entréis en tentación”. Marcos 14:38
Sabemos que la oración es la llave, pero ¿será que solo orar lo resuelve?
Cuantas veces, nosotros oramos, pedimos algo a Dios, sin saber si tenemos condiciones de utilizar lo que le estamos pidiendo a Dios. Debemos orar, pero también velar.
Cuando tomamos la llave del auto, debemos verificar su condición y qué vamos a hacer con esa llave y, si vamos a algún lugar o no.
Así es la oración, cuando hablamos con Dios tenemos que saber qué queremos, y qué vamos a hacer con aquello que el Señor nos dé, es decir, debemos saber qué estamos pidiendo y para qué estamos pidiendo. Allí está la importancia de velar, para no dañar nuestra fe, nuestra comunión con Dios al pensar que Él no nos oye, o que nos abandonó.
La vigilancia implica verificar si el freno está en perfecto estado, para poder parar ante el error, del mundanismo, de las invitaciones que “amigos” nos hacen y, nos llevan a la ruina espiritual, como fiestas mundanas, bebida alcohólica, drogas, las discotecas, etc.
La Biblia enseña:- “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres”. 1 Corintios 15:33
Verificando que los frenos no están bien, debemos ver el nivel del aceite de frenos e, inmediatamente buscar el aceite de la unción, para que sea derramado sobre nosotros. “En todo tiempo sean blancas tus vestiduras, y nunca falte el aceite sobre tu cabeza”. Eclesiastés 09:08.
En la cabeza están los pensamientos, por eso, necesitas este aceite celestial, para que nadie “te domine la cabeza” y puedas frenar ante caminos que no llevan a la salvación. Frenar es tener dominio propio. “Coloca el casco de la Salvación” (Efesios 06:17) que te protegerá de malos pensamientos. Verificar el motor, el aceite del motor y la cantidad de combustible para saber hasta dónde aguanta y el momento en que necesitaremos repostar, para no correr el riesgo de quedarnos en el camino.
El motor es nuestro corazón, en esta parte se involucran nuestros sentimientos, nuestra fe, nuestra fuerza, si falta aceite el motor puede fundirse, por eso, debemos llenarnos del Espíritu Santo, permitir que Él controle nuestra vida, escuchando el consejo de la palabra de Dios; “Dame, hijo mío tu corazón” – Proverbios 23:26. Debemos entregar nuestro corazón a Cristo, (Preparado está mi corazón, oh Dios - Salmos 57:07 y 108:01), esto requiere renunciía, renunciar a nuestro yo y dejar que Cristo actúe. “Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí” – Gálatas 02:20. “No os embriaguéis con vino, en el cual hay disolución, sino llenad-os del Espíritu” – Efesios 05:18. El Espíritu de Dios es el mejor combustible para que podamos caminar, su unción es el mejor aceite. “No Apaguéis el Espíritu” – 1 Tesalonicenses 05:19. Dejando que Él nos llene, seremos fortalecidos. “Fortalecéose en el Señor y en la fuerza de su Poder” – Efesios 06:10. Así podrás caminar. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” – Filipenses 04:13. “Mas en todas estas cosas somos más que vencedores, por Aquel que nos amó” – Romanos 08:37.
La limpieza es un factor muy importante, pues si el vidrio está sucio por ejemplo, dificulta la visión. En la vida espiritual es así también, si no estamos purificados de nuestros pecados, nuestra visión espiritual estará empañada y, no conseguiremos ver las manos de Dios extendidas en nuestro favor, pero “La sangre de Jesucristo nos purifica de todo pecado” – 1 Juan 01:07, por eso, debemos buscar la palabra de Dios, meditar en ella día y noche y, no apartarla de nuestra boca (Josué 01:08), y es esta palabra la que nos purifica. “Vosotros ya estáis limpios por causa de la palabra que os he hablado” – Ev. Juan 15:03.
Debemos también verificar los faros; Luz alta y luz baja. Lo común es cuando está más claro usar luz baja y cuando está más oscuro usar luz alta, cuando estamos entre los Cristianos casi no aparece nuestra luz, pero entre los no Cristianos debe aparecer. Nuestro testimonio como Cristiano es muy importante, pues fuimos llamados para ser la luz del mundo – Mateo 05:14. Cuando viene la dificultad de la vida, la prueba, es hora de usar la luz alta, acelerar más, es decir, estar más alerta, tener más vigilancia, más oración, más dedicación y, automáticamente más aceleración, más se exige del motor, gasta más combustible, por eso, debemos verificar todo esto, si no no aguantamos y nos paramos en el camino.
No debemos olvidar de los direccionales, que indican hacia qué lado debemos girar. Estar siempre alerta a este detalle, para nunca girar hacia el lado del pecado, el lado del mal; si comenzamos a poner direccional hacia el lado del mal, es decir, comenzamos a tener deseos mundanos, debemos inmediatamente ir al Electricista para que pueda reparar. Este Electricista es aquel que dice: “Sea la luz, y fue la luz” – Génesis 01:03. No hay problema que Él no resuelva, si tu luz está débil, si los faróles no funcionan correctamente, los direccionales se inclinan hacia el lado del error, estudia la palabra de Dios que Él hablará contigo. David casi desvió sus pies hacia el engaño, pues comenzó a ver la prosperidad de los impíos, pero cuando entró en el santuario de Dios, llegó a la conclusión que Dios es bueno para con los limpios de corazón, pero el fin del impío será terrible – Salmos 73: 01 en adelante. El Señor Dios te iluminará e hará que tu luz brille en la dirección correcta y de forma adecuada, pues su palabra es “Lámpara a mis pies y luz para mi camino” – Salmos 119:105.
Es bueno siempre recordar verificar la presión y las condiciones de los neumáticos, pues neumáticos desinflados no pueden rodar y, no rodando no van a ningún lado, así el creyente vacio de la palabra de Dios, vacio de la Gracia de Dios, no va a ningún lado. “Debemos calzar nuestros pies en la preparación del Evangelio de la Paz” – Efesios 06:15. Los neumáticos no pueden estar “gastados” si no es fácil que revienten, así la palabra de Dios debe estar siempre presente en la vida del creyente, porque el camino es estrecho y lleno de espinas que pueden herir nuestros pies, caso estemos desprevenidos, pero si estamos preparados conseguiremos caminar. “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian las buenas noticias!” – Romanos 10:15.
Otra parte que debe estar en la lista de revisión es la caja de cambios, pues es ella la que debe ser manejada para cambio de marcha, conforme a la velocidad que estamos corriendo. “Corramos con perseverancia la carrera que nos está propuesta” – Hebreos 12:01. Muchos corren en el estadio, pero solo uno que lleva el premio, corred de tal manera que lo alcancéis “– 1 Corintios 09:24. Debemos saber cómo están las condiciones de la caja de cambios y cómo funciona, para usarla de la forma correcta y en el momento adecuado de cambiar de marcha. No sirve querer “salir con todo”, pero también no puede quedarse parado (“Levantaos y andad! porque vuestro descanso no es aquí” – Miqueas 02:10), tiene que ir gradualmente, cambiando de marcha conforme aumenta la velocidad, no puede dejar en una marcha sola, debe crecer gradualmente. “Creced en la Gracia y en el Conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo” – 2 Pedro 03:18. “Conozcamos, y prosigamos en conocer al Señor” – Oseas 06:03. Debe observarse si falta aceite en la caja de cambios, debe buscarse de Dios el aceite y completar. “Es como el aceite precioso sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y que desciende al borde de sus vestiduras” Salmos 133:02 Observe que la barba no crece de la noche a la mañana, crece gradualmente, y cuando coloca el aceite va descendiendo y lubricando toda la maquinaria, así la unción de Dios, lubrifica todo el ser del Cristiano, desde su mente (cabeza) hasta sus vestiduras. Dios transforma el interior, y esto se refleja en el exterior.
El agua es un factor muy importante, pues si falta agua en el radiador, el motor no se enfriará y podrá agrietarse la culata y fundirse. Así los problemas de la vida pueden venir a calentarnos y, muchas veces, con la “cabeza caliente”, nos desesperamos y actuamos impensadamente, pero el Señor es aquel que nos guía y “refrigera nuestra alma” – Salmo 23:03. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Quien crea en mí como dicen las escrituras, ríos de agua viva fluirán de su interior” – Ev. Juan 07: 37 y 38.
Y por último verificamos si tenemos la documentación necesaria para poder conducir. Tenemos que tener la documentación del vehículo y la licencia de conducir. Para poseer la licencia de conducir es necesario tener los documentos personales (CI, RG), estudiar las leyes de tránsito, hacer pruebas y aprobar en esas pruebas. En la vida espiritual, para estar habilitado, también debe-se estudiar la palabra de Dios y conocer sus mandamientos. “No apartes de tu boca el libro de esta ley, sino medita en él día y noche” – Josué 01:08. Tienes que pasar por las pruebas. “Primero sean probados, después sirvan, si fueren irreprochables” – 1 Timoteo 03:10. “Obrero aprobado...” – 2 Timoteo 2:15. Tener los documentos personales (El bautismo en Nombre del Señor Jesucristo – Hechos 02:37 y 38), es decir, el acta de nacimiento, “nacer del agua y del Espíritu” Ev. Juan 03:05. Estos son los primeros requisitos y, son personales, la propia persona debe buscarlos.
Después de tener la licencia de conducir (Hechos 06:03) es necesario tener la documentación del vehículo, y esta en el sentido Espiritual es la Iglesia la que proporciona. “Y oraron y el Espíritu Santo mostró a Pablo y Bernabé” – Hechos 13:02 al 04.
La Iglesia a través del Pastor (que es el Ángel de la Iglesia) o el colegiado de Pastores (Hechos 06:03 y 15:25), que tienen autoridad de dar este documento y, no puede ser dado a quien no está habilitado para ejercer la función, porque si das una conducción a quien no está habilitado, aunque él piense que lo está, se corre el riesgo de ser multado y, la multa es del vehículo y no personal; quien paga la multa o quien sufre el daño es la Iglesia. Si sucede algún “accidente” sufre tanto la Iglesia, como quien recibió la orden de la Iglesia sin estar listo para ejercer la función, pero quien sufre la mayor parte del daño? ¿No es la Iglesia? Por eso la Iglesia debe orar buscando la dirección de Dios, antes de separar a alguien, sea para cualquier cargo. Después de verificar todos estos ítems, y tener la seguridad de que está todo OK, ahí sí puede tomar la llave, pero recuerdáte:
No conduzcas a exceso de velocidad y respeta las señales. Hay creyentes que por el hecho de haber recibido un cargo en la Iglesia, se sienten que pueden hacer todo, que ya mandan en todo, que no necesitan respetar a nadie, que el Pastor ya no sabe nada más, y algunos todavía tienen el valor de decir: Yo también soy ungido.
¡Cuidado! Tu licencia de conducir puede perder puntos e incluso ser bloqueada; ahí tendrás que comenzar todo de nuevo.
Para ayudarte en la revisión general, existe el panel del vehículo, donde se muestran algunos datos del vehículo (aceite, combustible, batería, velocidad, cuánto ya ha recorrido, etc.), por eso a continuación estaremos mostrando algunas enseñanzas Bíblicas, que servirán como panel, donde podrás verificar las condiciones de tu vehículo, es decir, tu vida Cristiana.
No se olvide del secreto de la alarma, ¿OK?
“Permanece en comunión con Dios, pues sin Él no sales del lugar”.
“Sin mí nada podéis hacer” Ev. Juan 15:05.
Medita: Efesios 06:10 en adelante.
“Revestíos de toda armadura de Dios... Y después de haber acabado todo, estad firmes”
Oren por nosotros, para que siempre Dios pueda darnos palabras para transmitir.
Estudio escrito en 21/10/2005, por el Pr. William César de Lima Salustiano.

