La palabra de la hora es fidelidad y nuestro objetivo es perfeccionar a los santos en el cultivo de la fidelidad. Pero sabemos que una parte importante de esto solamente se dará por el hecho de tener pastores fieles. Es legítimo afirmar que para tener iglesias fieles necesitamos pastores fieles. Cuando una iglesia se sale de los rieles, generalmente es porque el pastor de ella ya se salió antes. ¿Pero qué es un pastor fiel? En estos tiempos de tanta variedad denominacional, teológica y metodológica (y de tanto liderazgo personalista), es posible trazar perfiles divergentes de lo que sería un pastor fiel. Por eso, es necesario nuevamente volver a la Biblia y dejar que ella hable por sí misma, permitir que ella sea un parámetro único para esa definición. Como dice el profeta Isaías: "¡A la Ley y al Testimonio!" (Is.8:20). ¡Vamos a la Biblia, pues!
Cuando Jesús resucitado preguntó a Pedro, por tres veces, si este lo "amaba", a cada una de sus respuestas replicó con la siguiente recomendación: "Apacienta mis ovejas" (Jo.21:15-17). A pesar del desprecio que los rabinos fariseos dedicaban a la profesión de pastor de ovejas, que siempre era sospechoso de deshonestidad y no era aceptado ni como testigo en un juicio, fue esta la figura que Jesús usó para responsabilizar a Pedro por el cuidado de sus discípulos después de su ascensión, así como para hablar del amor de Dios hacia los pecadores (Lc.15:1-7) y también para hablar de sí mismo como responsable de sus ovejas (Juan 10). La función del pastor en las tierras de Palestina exigía paciencia, cautela y honestidad. En el verano seco, en tierra débil, no era fácil encontrar nuevos pastos y agua suficiente. Era muy difícil lograr el equilibrio correcto entre la alimentación, el abastecimiento de agua, el descanso y el viaje.
El pastor debía cuidar incansablemente de los animales indefensos (Ez. 34:1-31). Su dedicación era puesta a prueba cuando tenía que guardar el rebaño, noche tras noche, contra los animales salvajes y los salteadores (Juan 10:12).
Los títulos efectivamente usados en el Nuevo Testamento para el líder principal de la iglesia local fueron "presbítero" (o "anciano") y "obispo". Solo en Ef.4:11 encontramos la mención de "pastores". Pero cuando los autores bíblicos querían hablar de la función de este líder, usaban el verbo "apacentar", como Pablo en Hch.20:28-31, hablando a los presbíteros de Éfeso: "Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevarse discípulos tras sí. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno". Y como Pedro, en I Pd.5:1-3: "Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que os han sido encomendados, sino siendo ejemplos de la grey".
Hace unos años atrás una pariente mía, habiendo ido a su iglesia un domingo, fue saludada por el pastor de la siguiente manera: "Muchas gracias por su visita. Vuelva siempre". A lo que ella respondió: "Pero yo no soy visitante, soy miembro de esta iglesia hace muchos años. En verdad, soy nuera del pastor anterior". Lo que más me impresionó en el libro "Una Iglesia Con Propósito" (Ed. Vida, SP, 7ª. Impresión, 2002), de Rick Warren, uno de los líderes evangélicos más incensados (y también más emulados) de la actualidad, fue su declaración de que un pastor no puede cuidar de más de doscientas ovejas, declaración esta que entra en flagrante contradicción con el resto del libro (al llegar a este trecho - p. 125 - casi abandono la lectura). Él está en lo correcto y esta constatación no es solo suya. Otros estudiosos de la obra pastoral ya han dicho lo mismo. Dudo que cualquier pastor en sana conciencia y con el alma pura, pueda decir lo contrario.
En verdad, al menos para mí, este número es mucho menor aún. Al iniciar mi ministerio establecí que quería ser un pastor como Jesús: quería conocer mis ovejas y ser conocido por ellas (Jo.10:14). Esto quiere decir, como mínimo, saber el nombre, la dirección, la edad, la profesión, las enfermedades, los dones, el nombre de los hijos, las ideas, el estilo de vida, etc., de cada una de las ovejas. Significa también, interactuar con ellas personalmente, no solo a través del púlpito, o del teléfono, sino también a través de la visitación y del compartir en las horas alegres y tristes. He sido pastor de seis iglesias a lo largo de treinta y ocho años, ninguna de ellas con más de cien miembros. Evidentemente, tuve y tengo mis limitaciones personales y no quiero compararme con otros pastores, pero llegué a la conclusión de que para ser fiel al patrón bíblico no podría ser pastor de otra manera.
Hace poco tiempo recibí una correspondencia de una "mega-iglesia", invitándome para un evento que sería liderado por varios de sus pastores. Quedé impresionado con la cantidad y la diversidad de pastores y sus funciones. Había pastor de todo tipo, pero no había ningún pastor "pastor", es decir, pastor de ovejas.
Entiendo que para ser un pastor fiel, lo primero que hay que hacer es, simplemente, "apacentar". Y apacentar es exhortar a cada uno, de casa en casa, noche y día, si es necesario con lágrimas; es trabajar y dar ejemplo; es socorrer a los necesitados; es dar más de lo que recibir; es servir con humildad (Hch 20:17-38). Apacentar es alimentar y abrigar las ovejas, defenderlas e incluso dar la vida por ellas (Jo.10). Apacentar es buscar las ovejas descarriadas, librarlas de los peligros y de los enemigos, curar sus heridas (Lc.15:1-7). Apacentar es amar como Dios ama, es contentarse con lo suficiente para su sustento, es no tiranizar el rebaño, es ser un modelo a ser seguido por el rebaño (I Pd.5:1-9 e I Tm.6:8). Si no estamos haciendo esto, no estamos siendo pastores fieles.
Pastor fiel es aquel que maneja bien la Palabra de Dios (II Tm.2:15), reteniéndola firme y fielmente, para que sea poderoso tanto para enseñar a los que quieren aprender como para convencer a los que contradicen y tapar la boca de los insubordinados y engañadores (Tt.1:9-11). Es el que predica la Palabra con integridad, ya sea que los oyentes la consideren conveniente o no, ya sea que quieran oír o sientan picazón en los oídos (II Tm.4:2-4), sin esquivarse nunca de anunciar todo el consejo de Dios (Hch.20:27), para que sepan que estuvo en medio de ellos un profeta (Ez.2:1-10). Es aquel que no manipula la Biblia, usándola para justificar sus visiones personales (Jr.23:25-28), ni la falsifica o adultera para satisfacer vanidades o intereses personales (II Co.2:17 y 4:2).
Pastor fiel es el que vela por las ovejas, como quien ha de rendir cuentas de ellas al Señor que las confió a sus manos (Hb.13:17 e I Pd.5:3). Es el que siente diariamente el peso de la preocupación con los problemas que afligen a las ovejas (II Co.11:28-29). Es el que sufre con las tribulaciones que se abaten sobre ellas (I Ts.3:1-8). Es el que intercede día y noche por las ovejas, ejerciendo esa faceta sacerdotal del ministerio pastoral (Jo.17:1-26; Ef.1:15-23; Fp.1:3-11; Col.1:9; I Ts.1:2,3;2:13;3:9-13).
Un pastor fiel ha de vivir una vida irreprochable como ser humano, marido, padre y como cristiano, para que pueda liderar la iglesia con integridad (I Tm.3:1-7). Finalmente, él colocará el ministerio por encima de la propia vida (Hch.20:24); cumplirá su misión sin esperar gloria o reconocimiento humanos, en la certeza de que aquel en quien creyó, y que lo llamó para ser pastor, será suficiente y poderoso para guardar su tesoro hasta el día final (II Tm.1:12), y de que este Supremo Pastor se manifestará en aquel día y le dará la inmarcesible corona de gloria (I Pd.5:4 y II Tm.4:6-8).
Pr. Sylvio Macri - Igreja Batista Central de Oswaldo Cruz

