Cierto día cuando llegaba para recoger mi carro en el estacionamiento de un hipermercado, se acercó de mí una mujer, su aspecto era asustador, pues estaba toda sucia con apariencia de estar muchos días sin tomar un baño, por lo tanto con olor fuerte, ropas sucias y rasgadas, cargando una bolsa también muy sucia, no me recuerdo el contenido de la conversación, pero sucedió algo que marcó mi vida.
Ella me llamó, conversamos un poco y al salir a la misma me agradeció por haberle dado atención, pues según ella toda vez que se acercaba de alguien y llamaba, las personas le daban la espalda y no querían ni saber lo que ella tenía que decir.
Este hecho marcó mi vida porque cuantas veces yo había hecho lo mismo, dado la espalda a personas con ese aspecto, y en la verdad ella no quería dinero sino alguien que le diera atención.
Llamo la atención de los amigos e hermanos para hacer una reflexión sobre nuestra vida de cristíano, cuantas veces Dios nos da la oportunidad de hablar de la salvación que nosotros alcanzamos gratuitamente, pero nos quedamos eligiendo el tipo correcto de persona, según nuestra visión, para poder hablar, mientras Jesús afirmó que no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos (Mateo 9:12).
La Biblia nos relata (Lucas 10:25 a 37), que un doctor de la ley queriendo experimentar a Jesús, pregunta qué precisa hacer para heredar la vida eterna?
Jesús le pregunta qué está escrito en la ley? Y cómo lo lees tú?, la respuesta de él fue: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma, de todas tus fuerzas y de todo tu entendimiento, y a tu prójimo como a ti mismo”.
Jesús entonces le mandó hacer eso que él viviría, pero él queriendo justificarse pregunta para Jesús: “¿quién es mi prójimo?”, y Jesús le cuenta la historia del buen samaritano (Lucas 10:30 a 37).
Hermanos lo que vemos aquí es que muchas veces nosotros procuramos justificar nuestras faltas y muchas veces no procuramos guardar las palabras de Jesús, siendo que apenas guardando Sus palabras es que seremos salvos.
Este relato del buen samaritano, nos hace pensar, que este hecho podría haber ocurrido con cualquiera de nosotros. ¿Quién nunca presenció un accidente de transito y fue verificar qué sucedió? pero como no conocía a la víctima, dio la espalda y se fue.
Amar al prójimo de la misma forma que nosotros nos amamos es algo que muchas veces no damos la debida atención, pero es muy serio, cuantas personas que conocemos que no les gusta el patrón? Del amigo? Del vecino? Y peor muchas veces de algunos hermanos que los consideramos aburridos?
Mientras la palabra de Dios nos afirma que sin paz y sin santificación nadie verá a Dios (Hebreos 12:14), ¿cómo puede alguien no gustar de algún hermano? Siendo que la Biblia habla que si dijéramos que amamos a Dios, pero no conseguimos amar nuestro hermano somos mentirosos. (1 Juan 4:20).
El texto de Lucas 10 es mucho más profundo que muchas veces citamos, porque fueron citados tres personajes: Sacerdote, Levita y el samaritano.
La pregunta es: ¿Qué hacía el sacerdote? ¿Qué hacía el levita? ¿Y qué representaba el samaritano?
De acuerdo con la palabra de Dios el sacerdote era responsable por santificar su vida, para ofrecer sacrificio por los pecados del pueblo, vivía en el templo enseñando al pueblo sobre la ley, mientras el levita era responsable por cuidar del templo, de la alabanza y de los instrumentos y ¿el samaritano?
El enemigo, o sea, era odiado porque cuando el pueblo de Israel fue vencido por los Asirios, fue colocado en Samaria pueblos extraños con cultos extraños y dioses extraños (II Reyes 17).
Aunque el sacerdote enseñaba para el pueblo la ley, él mismo cuando volvía para su casa tal vez muy cansado, con prisa y nostalgia de la familia, para da una pequeña mirada y percibe que se trataba de un extraño cualquiera, simplemente da la espalda y sigue su camino.
¿Cuantos obreros de la casa de Dios no han hecho lo mismo?
Enseñando al pueblo de Dios a amar a los hermanos y a los enemigos, exhortan cuanto a la santificación, pero muchas veces no consiguen amar a los hermanos, la ciudad, el barrio donde mora y las personas que lo rodean.
El levita era un religioso, haciendo alguna actividad en el templo, ¿quién sabe un cantante? ¿O músico? ¿O alguien responsable del templo?
Usted podría ser esta persona que alaba a Dios con instrumentos, o quién sabe canta en el coro, o en el círculo de oración, grupo de jóvenes, niños o adolescente?
¿Cuantas veces Dios ya colocó a alguien en su camino, necesitado de apenas oír una palabra amiga, o recibir un abrazo, pero debido a estar con prisa nos quejamos, murmuramos y perdemos la oportunidad de hablar del amor de nuestro Dios, que aunque siendo pecadores Él nos amó y murió en la cruz del calvario para ofrecer a cada uno de nosotros el derecho de ser llamados hijos de Dios.
Decir a alguien que lo amamos es fácil, demostrar amor es más difícil, Dios hizo eso por nosotros, que aunque sin merecer, en la hora de la muerte, después de ser escupido, insultado, herido y cargado aquella cruz, dijo las siguientes palabras: “Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).
¿Usted es capaz de perdonar a alguien que le ofendió, sin causa?
¿Por acaso existe alguna persona que usted no gusta por ser tacaña, o por haberle causado algún mal?
En la parábola Jesús mencionó que quien usó de misericordia, fue el samaritano, alguien que servía otros dioses, no hacía parte más del pueblo de Israel porque fueron mezclados varios pueblos, ¿será que nosotros también vamos a dejar que personas sin Jesús ejerciten el amor en nuestro lugar?
¿Quién sabe alguien para justificarse puede preguntar, pero quién es mi prójimo?
Esta respuesta es muy simple de responder, mire a su lado ahora, y descubra quién está cerca de usted, al salir en la calle mire vea quién está a su lado, de la misma forma en la iglesia, en el trabajo, en la escuela y todos los lugares que usted esté, siempre habrá alguien próximo, y esta persona es la que usted debe amar de la misma forma que usted se ama, principalmente los domésticos de la fe, ¿esto parece difícil?
Pero es lo que Jesús requiere de cada uno de nosotros “ve y haz lo mismo”, o sea, ame cada uno su prójimo.
Que Dios bendiga a todos en nombre del Señor Jesús.
Pastor Izaías Lopes do Carmos - Iglesia que está en Ribeirão Preto militando en la Obra en Restauración.

