No escuchamos muchos sermones sobre el cielo actualmente. Esto puede parecer extraño, ya que la alegría de todo cristiano es reflexionar sobre estar con el Señor por toda la eternidad. La promesa del cielo está en el núcleo mayor del evangelio que predicamos.
Pero hay una razón por la cual no escuchamos mucho sobre este asunto jubiloso. El hecho es que la Biblia no dice mucho sobre cómo es el cielo. Jesús nunca se sentó con los discípulos y explicó la gloria y la majestad de los cielos. Él realmente dijo al ladrón sobre la cruz, "Hoy estarás conmigo en el paraíso", pero no dijo cómo sería.
El apóstol Pablo se refiere a los cielos cuando habla de haber sido llevado al paraíso. Él dice que vio y oyó cosas que conmocionaron tanto su mente, que él no tenía lenguaje para describirlas. La idea que se tiene de la descripción de Pablo es la de que, aunque él pudiera explicar lo que vio, nuestras mentes humanas no conseguirían comprenderlo.
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Sea Lo Que Fuere Que Paulo Haya Presenciado en el Cielo
Lo Impactó De Tal Manera,
Que Para el Resto de la Vida Él Quiso Ardentemente Estar Allí
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Paulo era agradecido por su vida, por su llamado, su ministerio. Creo que él amaba al pueblo de Dios con pasión. Pero a lo largo de sus años de ministerio, el continuo deseo de Paulo era ir para el hogar celestial y estar con el Señor. Su corazón simplemente anhelaba estar allí.
Entonces, ¿dónde está el cielo? No sabemos. Efectivamente sabemos que hay un nuevo cielo llegando, así como una nueva tierra. Y este nuevo planeta no será simplemente la vieja tierra refinada por el fuego, sino algo enteramente nuevo. Y su centro será la capital, la Nueva Jerusalén.
Efectivamente también sabemos que el trono de Dios está en el cielo. Igualmente Jesús está allí, como están los ángeles del Señor, en multitudes incontables. Aún más, Paulo dice que una vez estando allí, contemplaremos a Jesús "cara a cara" (1 Corintios 13:12). En resumen, tendremos acceso personal inmediato al Señor por toda la eternidad. (¡Amado, si esto apenas fuera todo el cielo, sería suficiente para mí!)
Evidentemente, aprenderemos cosas que simplemente no pueden ser contenidas por la mente humana aquí en la tierra. Tendremos acceso a la mente del propio Cristo, que es ilimitada. Y yo creo que Él nos enseñará respecto a todas las cosas eternas.
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Las Escrituras Sugieren que el Cielo
No Será Sólo Para Relajarse y No Hacer Nada
Además de Tener Iglesia
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La Biblia dice que en el cielo los santos gobernarán con el Señor como "reino y sacerdotes; y reinarán sobre la tierra" (Apocalipsis 5:10). Actuaremos como Sus siervos allí - los santos "lo servirán" (22:3).
Esto me dice que recibiremos estimulantes y bendecidas misiones en este nuevo mundo que vendrá. Las escrituras hablan repetidas veces del papel que los ángeles han desempeñado a lo largo de la historia, ministrando hasta a Jesús. Sea cual fuere nuestro emocionante trabajo, podemos saber que continuará por la eternidad, porque los mundos de Dios no tienen fin.
Considere por un momento el infinito aparente que vemos en el espacio. Se considera que nuestro propio sistema solar deba tener al menos cerca de diez billones de kilómetros de diámetro, y es apenas un punto en el universo.
Descubrimientos científicos muestran que hay sistema tras sistema tras sistema, aparentemente sin fin. Esto es tan tremendo para la mente.
Así como nuestro sistema solar corre a través del espacio, girando alrededor del sol, innumerables otros sistemas están moviéndose uno sobre el otro igualmente.
Y está todo teniendo lugar según el divino orden de Dios. Por esa razón creo que en el cielo iremos a recibir tareas que son ahora incomprensibles a nuestras mentes humanas.
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Cuando Paulo Se Refiere a Su Experiencia en el Paraíso,
Él Habla de Haber Estado en el “Tercer Cielo”
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Los estudiosos en el tiempo de Paulo enseñaban que había tres capas de cielos: primero, la atmósfera física en la cual habitamos; a seguir el segundo cielo, donde las estrellas están; y, finalmente, el tercer cielo donde Dios y el paraíso están.
Todo lo que yo puedo decir sobre ese asunto con seguridad es que Jesús ascendió al “cielo por encima de todos los cielos”. Y nos dijo que está allí ahora preparando un lugar para Su pueblo. También dijo, “Volveré otra vez, y les llevaré para allá. Donde Yo more, ustedes morarán”.
En resumen, amado, no dá para yo decir cómo es el cielo. Y no sé mucho sobre lo que está aconteciendo allá. No tengo nueva revelación a ofrecer, no tengo una versión como la de Paulo. Pero dá para decir cómo el cielo no es, y qué no está allá, pues eso es lo que las escrituras ofrecen. Y, como usted verá, lo que eso revela nos dá motivos para alegrarnos!
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Comencemos con la Visión del Apóstol Juan en Apocalipsis 21
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Juan cuenta que no encontraremos las siguientes cosas en el cielo:
1. No existirán más mares. "Vi nuevo cielo y nueva tierra, pues el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe" (Ap. 21:1). Él está declarando que no habrá más amenazas viniendo de los grandes bloques de agua: no habrá más ciclones, huracanes o tsunamis asesinos. En verdad, la única agua que es mencionada cuanto a esa nueva tierra será un río de júbilo que corre a través de las calles de la Nueva Jerusalén. Juan habla lo siguiente de él: "Me mostró el río del agua de la vida, brillante como cristal, que sale del trono de Dios y del Cordero" (22:1).
2. No habrá pañuelos en el cielo. No tendremos ninguna necesidad de esas cosas, pues los textos de las escrituras implican que ni siquiera precisaremos de glándulas lagrimales. "(Dios) les enjugará de los ojos toda lágrima" (21:4). Según Juan, las lágrimas simplemente no existirán en el cielo.
Igualmente, no habrá más funeraría, ataúdes de difuntos o cementerios. ¿Por qué? Porque "La muerte ya no existirá, ya no habrá duelo, ni llanto" (21:4). Piense en ello: no nos quedaremos más al lado de los ataúdes, llorando la pérdida de los queridos. No habrá más llanto o duelo, porque en el cielo nunca iremos a morir. Una vez habiendo sido resucitados del sepulcro terreno por el poder de la resurrección de Cristo, nunca podremos morir otra vez.
3. No habrá más farmacias, hospitales, médicos, enfermeras, ambulancias, analgésicos o recetas. Juan dice, "Ya no habrá... dolor" (21:4).
Soy recordado de una madre y de su hija discapacitada que visitaron nuestra iglesia. El hijo de esa señora había cometido suicidio después de siete años soportando un dolor excruciant que médico alguno conseguía diagnosticar. Durante ese tiempo, él tenía que tomar narcóticos fuertes pues sólo así conseguía soportar más un día. El origen de ese dolor nunca fue encontrado.
Ahora la hija está mostrando los mismos síntomas. Se trata de una bailarina talentosa y estudiante brillante, que ganó premios y becas de estudio. Pero la situación de ella se deterioró tanto, que ahora enfrenta dolor torturante y continuo.
Como el hermano, esa joven vive con un grado tan elevado de dolor que "en una escala de cero a diez, su dolor llega a catorce", según los médicos. Fue dicho que los narcóticos de los cuales ella precisaría para el dolor serían tan fuertes, que la matarían en pocos meses.
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Nunca Me Olvidaré de los Últimos Días en la Tierra de Nuestra Preciosa Nietecita, Tiffany
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El dolor de mi nieta debido al tumor cerebral quedó tan intenso que sus miembros se agitaban violentamente. Ella sufría terribles convulsiones, y yo tenía que ayudar a su padre a sostener los brazos y las piernas de Tiffany en esas horas de dolor.
El dolor era simplemente demasiado para ella, y en verdad era demasiado para sus abuelos, también. Finalmente, Tiffany dijo a su madre que el Señor había hablado a su corazón, diciendo "Quiero que vengas para el hogar celestial. Conmigo, no habrá más dolor".
El versículo de Juan tiene un significado especial para mí: "Ya no habrá... dolor" (21:4). Como abuelo de Tiffany, yo descanso en el conocimiento de que es allí que mi nietecita está en ese exacto momento: con Jesús, donde no hay más dolor.
4. No habrá más miedo, no habrá más incredulidad, no habrá más cosas abominables, asesinatos, mentiras o hechicería. La Biblia dice que todos los que practican tales cosas serán lanzados al lago de fuego: "Cuanto... a los cobardes, a los incrédulos, a los abominables, a los asesinos, a los impuros, a los hechiceros, a los idólatras, y a todos los mentirosos, la parte que les cabe será en el lago que arde con fuego y azufre" (Ap. 21:8).
Los periódicos noticiaron hace algún tiempo que una pareja de ancianos fue encontrada muerta en su apartamento. Ellos quedaron con tanto miedo de ser robados o atacados, que siempre trancaban las puertas de casa y vedaban todas las ventanas. Estaban tan aterrorizados de miedo que hacían esto incluso durante las terribles olas de calor del verano, y acabaron sofocándose.
No habrá más ese miedo en el cielo. Ni habrá más cualquier violencia o asesinato. Hace poco, un hombre que atacaba niños admitió haber molestado más de doscientos de ellos. Gracias a Dios, en el cielo no habrá más tales abominaciones.
5. No habrá más motivos para mudarse en el cielo. Mi esposa y yo ya nos hemos mudado de una casa para otra innumerables veces en nuestra vida adulta. Soy agradecido porque cuando lleguemos al cielo, nunca más tendremos que mudarnos. ¿Cómo sé eso? Jesús dice: “No se turbe vuestro corazón... En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Pues voy a prepararos lugar” (Juan 14:1-2).
Hace poco leí sobre una señora cristiana que preguntaba, “Si habrá multitudes en el cielo que no pueden ser contadas, ¿cómo sería posible que Dios hiciera habitación para todos? ¿Cómo podría haber lugar suficiente para tantos moradores?”.
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Veamos las Palabras de Jesús Sobre Ese Asunto:
“Voy a Prepararos Lugar”
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Tales palabras deben tener un significado para nosotros. Algunos estudiosos de la Biblia interpretan a Jesús aquí como "muchas habitaciones". Esto puede o no estar correcto. Todo lo que yo sé es lo siguiente: si Cristo está construyendo, podemos quedar seguros de que es algo glorioso.
Al pensar en el lugar que nuestro Señor está construyendo para nosotros, no debemos imaginar una casa de ladrillos o algo así. Por el contrario, las moradas de Él en general son de otra dimensión o esfera. Como humanos, no conseguimos imaginar un mundo en el cual el cuerpo pase libremente a través de sustancias materiales. (Jesús hizo eso después de la resurrección, y dice que en el cielo nuestros cuerpos de gloria serán como el de Él.) Este es un dominio que científico ninguno descubrió, algo enormemente diverso de todo lo que podamos comprender.
Lo importante que Jesús trae sobre el cielo es, “Este es el hogar celestial. Ustedes van a vivir eternamente donde Yo vivo”. “Y, cuando yo vaya y os prepare lugar, volveré y os recibiré para mí mismo, para que, donde yo estoy, estéis vosotros también” (Jo. 14:3). En términos simples, hay un hogar en la eternidad para cada uno de nosotros. Y Jesús dice básicamente, “Cuando ese día llegue – cuando ustedes estén aquí conmigo – Yo personalmente mostraré lo que construí para ustedes”.
6. No hay inválidos en el cielo, ni ciegos, sordos, o cuerpos en declive.
La Biblia dice que tendremos nuevos cuerpos en el cielo. Claro, esta es una doctrina bien conocida de los cristianos, y Paulo tenía mucho que hablar sobre ella. Él escribe, “Pero alguien dirá: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Y en qué cuerpo vienen?” (1 Cor. 15:35). En otras palabras, las personas pueden preguntarse, “¿Qué tipo de cuerpo resucitará de los muertos?”.
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Paulo Responde que el Cuerpo Que Entra en la Sepultura
No es el Cuerpo Que Saldrá de Ella
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“Cuando siembras, no siembras el cuerpo que ha de ser... Pero Dios le da cuerpo como le plugo” (1 Cor. 15:37-38). En otras palabras, “Los cuerpos que habitaremos en el cielo serán a Su semejanza. Serán celestiales y no terrenos”.
De acuerdo con Paulo, nuestro cuerpo físico es “sembrado en la corrupción” pero “resucitado en la incorrupción”. Simplificando, cuando nuestro cuerpo es “sembrado” – o, enterrado, él es un cuerpo natural, terrestre. Pero cuando seamos resucitados, será como un cuerpo celestial, del cielo. El cuerpo que tendremos entonces será “glorificado” por el poder de resurrección de Cristo.
Las escrituras nunca dicen que Dios va a procurar partes perdidas del cuerpo como miembros, un por uno de los dientes, cada polvo de nuestro cuerpo natural, y dar un modo de juntarlos. Por el contrario, Paulo enseña, “La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios”. A seguir agrega, “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al resonar de la última trompeta... La trompeta sonará, los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (15:50,52).
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Nuestros Cuerpos de Gloria
Serán a la Exacta Semejanza de Cristo
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En ese día extraordinario, los túmulos se abrirán. Y en Su tremendo poder, el Señor creará cuerpos nuevos y eternos. Esos cuerpos serán la imagen del santo y del justo, y nunca se corromperán. Y cuando eso ocurra, nosotros hablaremos una lengua - una nueva lengua que todos iremos a comprender. En verdad, todas las cosas serán hechas nuevas.
Más electrizante para mí es lo que ocurrirá para los millones de niños muertos o muriendo - - de todas las eras. En un instante, esas preciosidades serán levantadas con nuevos cuerpos. Pienso en los niños cuyos cuerpos fueron para la fosa debido a la enfermedad, o cuyos cuerpos fueron destrozados en genocidios, cuyos cuerpos fueron hecho añicos por bombas.
También pienso en hombres y mujeres cuyos cuerpos fueron deshechos y destruidos por la enfermedad; pienso también en los cuerpos que fueron enterrados en ataúdes sellados. Pienso en los mártires de todas las épocas, en los que murieron por medio de la tortura, fueron mutilados, serruchados por la mitad, decapitados, quemados en hogueras. Todos estos saldrán de los túmulos con nuevos cuerpos, para nunca más ver la corrupción o el dolor.
Mi mente tiene dificultades en registrar esas cosas – sin embargo ¡mi corazón se alegra con ellas!
7. No habrá relojes en el cielo, pues el tiempo no existirá más.
Juan escribe que un ángel apareció delante de él de pie sobre el mar y la tierra. El ángel entonces levanta la mano para el cielo y, según Juan, “Juró por aquel que vive por los siglos de los siglos, el mismo que creó el cielo, la tierra, el mar y todo cuanto en ellos existe: Ya no habrá demora” (Apocalipsis 10:6).
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Este es uno de los Conceptos Más Difíciles Para yo Poner en Mi Mente
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Llegará un momento cuando el propio tiempo será dejado de lado. Imagine eso: nada de años, nada de meses o semanas, nada de más días, horas, minutos o ni siquiera segundos. No habrá nada para marcar el tiempo, ni la noche ni la luz del día, pues Cristo será la luz en el paraíso.
Un pastor Puritano intentó describir a su iglesia la ausencia de límite de la eternidad. Dijo para que ellos no intentaran entender, que la eternidad siempre fue y siempre será; sin comienzo o fin. Les dio esa ilustración: “Visualice la tierra como una bola de arena, casi 50.000 kilómetros de circunferencia. Cada mil años, un pajarito vuela sobre ella y retira un grano de arena. Cuando él remueva el último grano, entonces la eternidad acabó de iniciarse”.
En otras palabras, en la gran trama de la eternidad, el “tiempo” está en este momento haciendo apenas una breve aparición. Día vendrá en que el tiempo habrá totalmente servido a su propósito y será abolido. Es todo sorprendente demasiado para yo evaluar.
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Paulo Resume Eso
Con Una Amonestación a Todo el Pueblo de Dios
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Paulo exulta: “Gracias a Dios, que nos da la victoria por intermedio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). Muchos cristianos citan ese versículo diariamente, aplicándolo a sus luchas y tribulaciones. Pero el contexto en el cual Paulo lo dice sugiere un significado más profundo. Sólo dos versos antes, Paulo declara, “Tragada fue la muerte por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (15:54-55).
Paulo estaba hablando elocuentemente sobre su ardiente deseo por los cielos. Él escribe, “Sabemos que, si nuestra casa terrestre de este tabernáculo se deshiciere, tenemos de parte de Dios un edificio, casa no hecha por manos, eterna, en los cielos. Y, por eso, en este tabernáculo, gememos, anhelando ser revestidos de nuestra habitación celestial” (2 Corintios 5:1-2).
El apóstol entonces agrega, “Sin embargo, estamos en plena confianza, prefiriendo dejar el cuerpo y habitar con el Señor” (5:8).
De acuerdo con Paulo, el cielo – el estar en la presencia del Señor por toda la eternidad – es una cosa que debemos desear de todo nuestro corazón.
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Al Ponderar Sobre Estas Cosas que las Escrituras Dicen que el
Cielo No Será, Un Cuadro Glorioso Comienza a Formarse
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Primero, imagino la descripción que Jesús hizo de un gigantesco encuentro, cuando los ángeles "reunirán a sus escogidos, de los cuatro vientos, de un extremo al otro de los cielos" (Mateo 24:31).
Cuando todas estas multitudes estén reunidas, visualizo una gran marcha de la victoria aconteciendo en los cielos. Casi todo el mundo conoce la música "When the Saints go Marching In" (cuando los santos entren marchando). Intente imaginar esa música siendo tocada literalmente en el cielo, con millones de niños glorificados cantando hosanas al Señor, del modo que los niños cantaron una vez en el templo. ¿Qué sonido de victoria y de alabanza será: multitudes de huérfanos gritando, "¡Padre!". Dá para yo ver direitinho el brillo de la felicidad en el rostro de Jesús. "Pues de tales es el reino de los cielos", declaró.
Entonces vienen todos los mártires. Esos que ya clamaron por justicia en la tierra ahora gritan, "¡Santo, santo, santo!". Imagino los decapitados tocando sus cabezas y diciendo, "Estoy entero de nuevo". Los que fueron serruchados por la mitad buscan las marcas de la agonía sobre sus cuerpos pero no encuentran ni una. Los que fueron quemados ahora tienen cuerpos enteros, sin ningún trazo u olor de humo.
Todos estos estarán danzando con alegría, gritando, "¡Victoria, victoria en Jesús!".
Entonces viene un poderoso bramido, un sonido nunca oído antes. Es la iglesia de Jesucristo, con multitudes de toda nación y tribu. Este grupo incluye a los que fueron viciados o alcohólicos... que eran ciegos o enfermos... que eran pobres, enviudados o forzados a mendigar. Visualizo entre ellos a la empobrecida viuda que fielmente entregó su moneda en el culto, cuando no tenía más nada.
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Tal Vez Todo Esto Suene Distante o Forzado Para Usted,
Pero el Propio Paulo Testifica Sobre Eso
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Cuando el fiel apóstol fue arrebatado al cielo, "oyó palabras inefables, las cuales no es lícito al hombre referir” (2 Corintios 12:4). Paulo dice que quedó asombrado con lo que oyó allá.
Creo que estos fueron exactamente los sonidos que oyó: él tuvo un vislumbre del canto y de la alabanza a Dios por los que estarán rejubilándose en Su presencia, con sus cuerpos ya enteros, sus almas llenas de la alegría y paz. Fue un sonido tan glorioso que Paulo pudo oírlo pero no conseguía repetirlo. Amado santo, haz del cielo tu deseo más sincero. ¡Jesús está volviendo para los que deseen ardentemente estar con Él allá!
Por David Wilkerson

