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Por David Wilkerson
01 de mayo de 2006
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Algunos cristianos tienden a pensar en el apóstol Pablo como si fuera sobrehumano por causa de los escritos poderosos y de su maravilloso ministerio. Pero si Pablo no fuera hecho de la misma carne y de la misma sangre que nosotros - si no fuera sujeto a las mismas tentaciones y tribulaciones - entonces él no tendría nada que decir a la iglesia; todas sus epístolas habrían sido escritas en vano.
La verdad es que Pablo escribió muchas de sus cartas durante los períodos más difíciles de su vida. Él abiertamente confiesa a la iglesia de Corinto que experimentó tribulaciones y angustia mental profundas: "Atribulados: luchas por fuera, temores por dentro" (2 Corintios 7:5). Al escribir esto, el gran apóstol estaba en Macedonia para donde había ido sintiéndose desplazado, ineficiente y totalmente rechazado por la iglesia.
¿Cómo Pablo llegó a ese punto? Veamos lo que había detrás de la situación. Pablo había acabado de escribir la primera epístola a los corintios, una reprensión severa con objetivo de corregir una situación de inmoralidad en la iglesia. A pesar de contener un mensaje difícil, Pablo la había escrito en medio de la angustia y lágrimas.
La razón para esa carta fue un vergonzoso acto de fornicación para el cual estaban siendo hechas vistas grossas. Pablo escribe a los corintios algo así: "Ustedes están llenos de sí y orgullosos, negándose a llorar por ese pecado hecho abiertamente en su medio. Ustedes no juzgaron la situación correctamente. Deberían haber sacado de su comunión a aquel que perpetró esto, hasta que vieran en él arrepentimiento genuino". Pablo entonces los instruye para que tal sea "entregado a Satanás para la destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el Día del Señor [Jesús]" (I Corintios 5:5).
Fue un mensaje fuerte y duro. Y después de un tiempo, Pablo se arrepiente de haberla enviado (v. 2 Corintios 7:8). En verdad, desde aquel día Pablo sufría, preocupándose sobre cómo los corintios reaccionarían a tal. ¿Será que no comprenderían bien sus motivos? ¿O sabrían que él la había escrito en amor, con interés profundo cuanto a los caminos de la iglesia? Él más tarde les escribe diciendo, "No hablo para os condenar" (7:3).
Sé cómo Pablo se sintió. A lo largo de los años he tenido que traer aquello que algunos podrían llamar mensajes duros por instrucción del Señor, a través de Su palabra. Después de eso, me postraba con el rostro en tierra, orando, "Dios, ¿será que fui demasiado lejos? Tu palabra manda que no reprendamos al justo y ni bendigamos al impío. Dígame, ¿lastimé a Tus justos con ese mensaje?".
Pablo también supo que falsos profetas se habían infiltrado en la iglesia de Corinto, haciendo con que "despreciaran" sus sufrimientos. En verdad, tales personas decían lo siguiente sobre él: "Si Dios está verdaderamente con ese hombre, ¿entonces por qué tantas acusaciones vergonzosas están acumulándose contra él? ¿Por qué Pablo está siendo metido en la prisión? ¿Y cómo un hombre de Dios puede decir que está 'desesperanzado de la vida'? No da para entender cómo que un hombre de oración puede ser tan atacado y disminuido. Si Pablo realmente tuviera fe, él no estaría viviendo esos problemas".
Acusaciones como esas aún son lanzadas hoy contra siervos consagrados que enfrentan sufrimiento y críticas. ¿Cuántas veces ya has oído a un cristiano hablando así de otro cristiano, "Algo de errado debe haber en su vida para enfrentar tanto sufrimiento". En el caso de Pablo, el punto era sus críticos queriendo quebrar su autoridad espiritual.
Sin embargo Pablo dice que no se arrepintió por haber enviado la carta a los corintios. Antes, él instruye a su hijo espiritual Tito para ir a Corinto, y explicar cuál era el propósito que había en la carta: "Dígales que los amo, y no quiero que nada de mal les suceda, pero que esa situación tiene que ser tratada. Después, reúnete conmigo en Tróade y dígame qué tipo de efecto la carta tuvo".
Cuando Pablo Escribió la Segunda Carta a los Corintios,
Había Aún Más Razones Para Él Agitarse en el Espíritu
Después de enviar a Tito en esa misión, Pablo parte para Tróade, parando en Éfeso. Dios se mueve poderosamente allí a través de Pablo, y sus predicaciones de unción mueven multitudes. Muchos que oyeron su mensaje corren a casa para traer sus libros de ocultismo, y a continuación se reúnen en el centro de la ciudad para quemarlos en enorme hoguera.
Eso molestó a los plateros de Éfeso, que sacaban la mayor parte de su ingreso de la venta de ídolos de la diosa Diana. De repente, ven su sustento convirtiéndose en humo frente a ellos. Ellos entonces se levantan irados contra Pablo, acusándolo de fanatismo religioso y diciendo que él quería destruir su adoración. Las acusaciones promueven una agitación en masa, y Pablo casi pierde la vida. Cuando más tarde él escribe que se "desesperó de la vida", él estaba comentando sobre ese incidente, "Creí que irían a matarme".
No podemos estar seguros sobre qué más sucedió en Éfeso, pues Pablo no nos lo cuenta. Solo lo que sabemos es que su experiencia lo hizo sentirse atribulado "más de nuestras fuerzas, a punto de desesperar hasta de la propia vida" (2 Corintios 1:8). Realmente, habla de las persecuciones, de su perplejidad, de su espíritu abatido. Ahora, yendo para Tróade, él desea ardentemente ver a su piadoso hijo en Cristo, Tito - el cual podría reavivar su espíritu. Pablo podría descargar el corazón sobre Tito, y saber cuál había sido el impacto de su carta.
Pero cuando Pablo llega a Tróade, Tito no está allí. Él espera que su hijo espiritual llegue, pero Tito no aparece. En este entretanto, puertas para el ministerio se abren para Pablo en Tróade, pero a esa altura el corazón del apóstol ya estaba agotado. Pablo habla de su experiencia: "Ahora bien, cuando llegué a Tróade para predicar el evangelio de Cristo, y una puerta se me abrió en el Señor, no tuve, sin embargo, tranquilidad en mi espíritu, porque no encontré a mi hermano Tito; por eso, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia" (2 Cor. 2:12-13).
Pablo hizo algo que nunca había hecho en la vida, algo que era lo contrario de todo lo que había predicado. En vez de ministrar cuando las puertas le fueron abiertas, Pablo se fue. Sí, se desplazó inquieto para Macedonia. Qué imagen la de este soldado herido de la cruz: el gran apóstol estaba abatido, fragilizado e impotente, desfalleciendo ante una crisis de la mente, del cuerpo y del espíritu. ¿Por qué? ¿Qué llevó a Pablo a ese punto? El propio apóstol explica: "No tuve paz de espíritu pues no encontré a mi hermano Tito". Estaba solo, y necesitaba desesperadamente del consuelo de alguien.
Conozco algo de lo que Pablo pasó, a partir de mis propias experiencias y de otros que enfrentaron las mismas situaciones. Satanás siempre viene a atacarnos cuando estamos agotados y cansados por las batallas. Es en esa hora que estamos más vulnerables a sus mentiras, y creo que el enemigo golpeó a Pablo con dos terribles. Primero, creo que le dijo, "Tito no vino porque te rechaza". Y allí vino esa mentira: "Tito no está aquí porque dejaste de ser eficiente, Pablo. Lastimaste mucho a los creyentes de Corinto y los alejaste. Tu ministerio simplemente no da frutos".
Solo Imagino las Otras Mentiras
Que Satanás Lanzó Sobre Pablo
Oigo al Diablo cuchicheando, "Dios no está más contigo, Pablo. Todo mundo te rechazó en Asia. Nadie más está contigo. Hasta tu hijo espiritual Tito fue contaminado con dudas por tus opositores en Corinto".
"Enfrenta la cosa, Pablo - perdiste la unción. Mira solo a Apolo, cuyas predicaciones atraen enormes multitudes. Todo mundo alardea la eficiencia del ministerio de él, mientras tú solo tienes números pequeños. Acabaste generando levantamientos donde predicaste, y los avivamientos que promueves acabaron cerrándose, exactamente como en Éfeso. No eres amado, Pablo - y nadie más te necesita. Está claro que estás siendo castigado por Dios. De algún modo ofendiste al Espíritu Santo, y el Señor retiró su mano de ti".
Si ya has andado con el Señor con intimidad, sabes muy bien qué Paulo estaba enfrentando. Satanás es el padre de la mentira, y en verdad en ese exacto momento él puede estar enviándote las mismas mentiras que lanzó sobre Pablo: "Fuiste rechazado por todos. No tienes ministerio, no tienes lugar en la obra del reino de Dios. Solo estás ocupando espacio". Esto viene de las profundidades del infierno.
David sabía lo que es ser sofocado por las mentiras demoníacas. En el Salmo 140 él cita estar "en el día de la batalla" tanto física como espiritualmente. Este piadoso hombre ora al Señor diciendo del "hombre violento, cuyo corazón maquina iniquidades y vive forjando contiendas. Aguzan la lengua como la serpiente; bajo los labios tienen veneno de áspide...extendieron me una red a la orilla del camino" (Salmo 140:1-5).
Aún así, a despecho de la situación, David exulta, "¡Oh Señor, tú me protegiste la cabeza en el día de la batalla" (140:7). He aquí básicamente el testimonio de David: "Dios, Tú fuiste escudo para mi mente, protegiéndome de las mentiras demoníacas. Poderes del infierno aguzaron la lengua contra mí. Pero tú protegiste mis pensamientos para que las mentiras de Satanás no destruyeran mis idas y venidas".
Cómo Dios Lleva Consuelo y Renovación A Su Pueblo
En la Hora del Abatimiento
¿Cómo el Espíritu Santo trajo consuelo a Pablo? El propio apóstol nos cuenta: "Pero Dios, que consuela a los abatidos, nos consoló con la llegada de Tito" (2 Cor. 7:6). Tito llega a Macedonia con espíritu de renovación, y súbitamente el corazón de Pablo se eleva. Con la comunión entre los dos, la alegría fluye por el cuerpo, la mente y espíritu de Pablo, y el apóstol escribe, "me siento grandemente confortado y desbordante de júbilo en toda nuestra tribulación" (2 Cor. 7:4). Pablo estaba declarando, "Sigo enfrentando problemas, pero el Señor me dio lo que necesito para la batalla. Él me renovó a través de Tito".
A lo largo de todos mis años de ministerio, he visto hombres y mujeres de Dios llegando al límite de la resistencia, abatidos y totalmente perdidos. Me he angustiado por esos queridos hermanos y hermanas en sus dolores, preguntando al Señor, "Padre, ¿cómo estos Tus siervos van a conseguir salir de ese abismo de sufrimiento? ¿Dónde está el poder que va a sacarlos de allí? ¿Qué puedo decir o hacer para ayudarlos?".
Creo que la respuesta está bien aquí, en el testimonio de Pablo. Cá está un hombre que llega a un agotamiento tan profundo, que deja de ser él mismo. Pablo estaba en el momento más negro de su ministerio, hundido como nunca. Sin embargo pocas horas después, él había salido totalmente de aquella fosa negra y se regocijaba en alegría y gozo. Una vez más, el amado apóstol se sentía amado y útil.
¿Cómo todo esto sucedió? Primero, veamos qué sucedió en Corinto. Cuando Tito llegó allá para encontrar a los líderes de la iglesia, él recibió su propio refrigerio glorioso. Un despertamiento estaba teniendo lugar en la iglesia pues habían seguido la instrucción de Pablo, y ahora Dios los estaba bendiciendo poderosamente. ¡Si solo el Señor levantara la cortina en aquella hora, y mostrara a Pablo lo que estaba sucediendo! Él habría visto las mentiras de Satanás siendo expuestas, y recordado que los pensamientos de Dios cuanto a él eran pensamientos de bien, y que todo esto había sido parte de Su plan.
Ahora Tito llega a Macedonia con noticias alentadoras: "Pablo, ¡los hermanos de Corinto envían su cariño y amor! Ellos removieron el pecado que estaba en su medio y trataron con los falsos profetas. Ellos no desprecian más tus sufrimientos, pero se regocijan en tu testimonio".
Esa palabra de refrigerio, traída por un querido hermano en Cristo, inmediatamente levantó a Pablo de aquella cueva de abatimiento: "Dios que consuela a los abatidos, nos consoló con la llegada de Tito" (2 Corintios 7:6). ¿Estás viendo el ejemplo aquí? Dios usa personas para el refrigerio de Su pueblo. Él no envió un ángel para renovar a Pablo. El consuelo recibido por ese hombre vino a través de la renovación del espíritu de Tito, que por su vez llevó refrigerio al de Pablo.
El Ejemplo de Pablo y Tito
Ilustra Un Formato Que Aparece por Todas las Escrituras
En Hechos 27, Pablo estaba en un barco yendo para Roma cuando la nave hizo una parada en Sidón. Pablo pide permiso al centurión para visitar algunos amigos en la ciudad, y "Julio... le permitió ir a ver a los amigos y obtener asistencia" (Hechos 27:3). Aquí está otro ejemplo de Dios usando creyentes para el refrigerio de otros creyentes.
Vemos esto también en 2 Timoteo, cuando Pablo comenta sobre un cierto creyente, "Conceda el Señor misericordia a la casa de Onésiforo, porque, muchas veces, me dio ánimo y nunca se avergonzó de mis cadenas; antes, habiendo él llegado a Roma, me buscó solicitamente hasta encontrarme...Y... cuántos servicios me prestó" (2 Timoteo 1:16-18).
Onésiforo era también uno de los hijos espirituales de Pablo, y amaba a Pablo de modo tan profundo e incondicional, que fue a buscarlo en los sufrimientos de este. Una vez, cuando Pablo estaba preso, Onésiforo salió por la ciudad buscándolo hasta encontrarlo. Su motivación simplemente era: "Mi hermano sufre. Él pasó por el terror del naufragio, y ahora está siendo golpeado por Satanás. Necesito alentarlo".
El ministerio de la asistencia incluye claramente buscar a los que sufren. Hoy se oye mucho en la iglesia sobre poder: poder para curar a los enfermos, poder para ganar a los perdidos, poder para vencer el pecado. Pero digo que hay un gran y curativo poder que fluye de una persona revigorada y renovada. Depresión, angustia mental o un espíritu perturbado pueden causar todo tipo de enfermedades físicas, pero un espíritu que esté revigorado y alentado - un espíritu que haga con que las personas se sientan aceptadas, amadas y útiles - es el bálsamo curativo del cual más se necesita.
Encontramos ese ministerio de refrigerio en el Antiguo Testamento también. Cuando David estaba siendo perseguido por el rey Saúl, llegó al agotamiento y al dolor, forzado a huir día y noche. Durante ese período se sintió rechazado por los líderes y por el pueblo de Dios. Entonces, en un momento crucial, Jonatán, el amigo de David va hasta él: "Se levantó Jonatán, hijo de Saúl, y fue para David...y le fortaleció la confianza en Dios, y le dijo: No temas, porque la mano de Saúl, mi padre, no te hallará; pero tú reinarás sobre Israel, y yo estaré contigo" (I Samuel 23:16-17).
Esa palabra de refrigerio no podría haber sido más oportuna para David. Él acababa de sufrir un horrible rechazo después de haber actuado de modo abnegado y con bondad. David y sus hombres habían arriesgado sus vidas para salvar el pueblo de Queila - y por un cierto tiempo encontraron refugio allá. Pero más tarde, cuando Saúl estaba detrás de él, David oró: "Señor, ¿será que estas personas van a entregarme a Saúl?". Dios respondió para él, "Sí, ellos te rechazarán. Sal de la ciudad ahora".
Los Salmos muestran exactamente cuánto David se sentía por bajo en la época. Su alma se veía derribada, y él clamaba continuamente, "Dios, ¿dónde estás?". Lleva en consideración también la dolorosa prueba de Jonatán en relación a su maligno y poseído padre. Aún así este piadoso amigo "le fortaleció la confianza en Dios", diciéndole, "El Señor está contigo, David, y tú aún eres amado en Israel. Puede que no estés sintiéndolo ahora, pero serás rey. Tu obra apenas comenzó".
Eso era todo lo que David necesitaba oír - "Dios aún está contigo" - e inmediatamente su espíritu fue renovado para proseguir. Vemos ejemplos así uno tras otro en las escrituras: Dios no envía un ángel o una visión, sino otro creyente para el refrigerio de Sus queridos".
Pablo Nos Enseña Que
Hay un Propósito Glorioso en Nuestras Muchas Tribulaciones
Es posible en medio de las tribulaciones vernos dentro de un vacío de falta de fe, sin esperanza y desistiendo de todo. Eso sucediendo, acabamos amargos y de corazones endurecidos - a menos que enfrentemos la situación con la verdad. El hecho es que jamás saldremos de esos tiempos de confusión y de sentimientos de rechazo, a menos que comprendamos por qué Dios permite tales problemas en nuestras vidas. Estoy convencido de que para muchos lectores, esta es la palabra de cura para ellos, de parte de Dios.
Cuando Pablo se sentó para escribir la segunda carta a los corintios, él veía delante de él una multitud que enfrentaba los mismos tipos de sufrimiento que él. Él les dice, "Quiero que sepan que las aflicciones que he vivido son del mismo tipo de las que ustedes han pasado en sus períodos de tribulación".
"Si somos atribulados, es para vuestro consuelo y salvación; si somos confortados, es también para vuestro consuelo" (2 Cor.1:6). Pablo estaba diciendo, "Dios está usando mis tribulaciones para enseñarme las maneras de confortar. Entonces, cuando ustedes estén enfrentando sus aflicciones, sabrán que mis palabras para ustedes tienen poder, pues yo también pasé por ellas".
Fue una maravillosa revelación del Espíritu Santo. Pablo se conscientizó, "Fue por eso que Dios permitió todo este golpeteo. El Espíritu Santo va a aquietar mi alma y me curará a través de eso, para que yo pueda consolar y renovar otros en sus luchas. "Es él quien nos consuela en toda nuestra tribulación, para poder consolar a los que estén en cualquier angustia, con la consolación con que nosotros mismos somos contemplados por Dios" (2 Cor. 1:4).
Hoy hay una avalancha de libros, cintas y videos sobre "cómo superar tal cosa". Es un mensaje seriamente necesario, y muchos materiales hacen bien cuando son enseñados por ministros sinceros y rectos. Pero creo que Pablo esté intentando decirnos: "Las únicas palabras que traen refrigerio real y cura duradera vienen de lo que es aprendido en nuestras muchas aflicciones y tribulaciones".
¿Crees Que No Tienes Ministerio
O Que No Tienes Utilidad en el Reino de Dios ?
Hace no mucho recibí una carta de una ex-monja que hoy es ministra ordenada. Esa mujer tiene cincuenta y nueve años, y después de sufrir un infarto recientemente, cayó en depresión profunda. Haciendo una reevaluación de su vida, ella decidió planificar su funeral y escribió el siguiente obituario para sí misma:
"Esposa de nadie. Madre de nadie. Alejada de la familia por la salvación. Realizó nada de importancia en la vida. Vivió en pobreza. Murió una verdadera perdedora". Mi corazón se partió al leer esto, al reflexionar sobre la triste idea de llegar hasta mi Señor con nada. Pero un pastor le dio a esa mujer una copia de mi mensaje "He Trabajado en Vano", y ella me escribió: "Hermano David, tus palabras me alentaron y renovaron".
No te engañes: Dios usa personas para el refrigerio de otras personas. Él ama de tal manera este tipo de ministerio que llevó al profeta Malaquías a hablar de él como siendo la obra más necesaria en los últimos días. Malaquías describe cómo, en sus días, el pueblo de Dios se fortaleció recíprocamente a través de edificación uno a uno: "Los que temían al Señor hablaban unos a otros" (Malaquías 3:16).
¿Cuándo eso sucedió exactamente? La palabra de Malaquías vino durante un tiempo de impiedad abrumadora, cuando el "devorador" había destruido mucho fruto de la tierra. El pueblo de Dios se había desanimado y comenzó a dudar si andar con el Señor valía la pena. Comenzaron a pensar "Aprendimos que compensa servir al Señor, obedecer Su palabra e interesarnos por Sus cosas. Pero vemos a los orgullosos, y a los que hacen concesiones - y son ellos quienes parecen felices. Ellos aspiran a prosperidad, una vida despreocupada, disfrutar la vida al máximo".
El Espíritu Santo comenzó a moverse en Israel, y pronto el temor del Señor vino sobre un pueblo hambriento por Dios. De repente todos en Israel, jóvenes y viejos, se convirtieron en misioneros uno a uno. Por el estímulo del Espíritu Santo, las personas se abrieron unas a otras, fortaleciendo, edificándose recíprocamente - y confortando a los que las rodeaban.
Estoy convencido de que la palabra de Malaquías sobre ese ministerio es una imagen espejo de los días actuales. El Señor nos ha dado un retrato de un derramamiento del Espíritu Santo en los últimos días, a medida que el pueblo de Dios deja de hacer chismes y de quejarse, y en vez de eso ministra asistencia. Está sucediendo por teléfono, por carta, correo electrónico, y boca a boca. Y Dios está tan satisfecho con ese ministerio, que está registrando todo eso conforme aprendemos. Toda palabra de bondad que es proferida, toda llamada telefónica, toda carta que es escrita, todo esfuerzo para confortar a los abatidos es registrado en el (libro) "memorial". Y la Biblia dice que cada uno de nosotros cuyos actos están registrados, será precioso para Él: "Ellos serán para mí particular tesoro, en aquel día que prepararé, dice el Señor de los Ejércitos" (Malaquías 3:17).
Que Dios ayude a los que se quejan de no tener un llamado, o de no tener puertas abiertas para el ministerio. Les digo: aparta los ojos de tu situación, y deja de preocuparte cuanto a ser molestado. Deja de intentar agradar a Dios planificando una obra grande y sacrificial. En vez de eso, levántate, busca y revigora un hermano o una hermana que sufre.
Sé un Tito con alguien que esté abatido en el espíritu. Ora para tener el espíritu de Onésiforo, que salió en busca de los que sufrían para traerles cura. Piensa en lo siguiente: te fue dado todo el poder del cielo para renovar a un creyente en dolores, alguien que necesita de la consolación que Dios dio únicamente a ti. Sí, hay personas que te necesitan, y el Señor pretende que las consolaciones de tu pasado traigan refrigerio a ellas. Llama a esa persona o busca a ese alguien hoy y di, "Hermano, hermana, quiero orar por ti, y te alentar. Tengo una buena palabra para ti".
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