Cierto orador muy ateo, daba una conferencia sobre realización personal, en cierto lugar estaba disertando hablando de negocios y otras tesis, entonces dijo en medio de ella, que no existía Dios, y que nosotros éramos dueños de nuestra vida, y que todo esto era mera historia.
Pero una persona muy sencilla y de color, se levantó y levantó el brazo y pidió la oportunidad.
El orador se detuvo y le pasó la oportunidad a aquel hombre, fue cuando él de pie sacó una manzana de una bolsa y comenzó a comerla, el orador iba a volver a hablar y el hombre pidió la oportunidad de nuevo y comenzó a comer de nuevo la manzana, nuevamente el orador iba a continuar la conferencia cuando el hombre tragó el último pedazo, y le dijo al orador así: Esta manzana estaba dulce o estaba amarga.
El orador medio sin saber qué estaba pasando le dijo al hombre: ¡Cómo puedo saber si estaba dulce o amarga siendo que yo no la probé! Y luego habló aquel señor en su sencillez: Y cómo puedes saber si mi Dios existe o no, si tú no lo experimentaste.
¡Experimenta la gracia de Dios, pues tiene un sabor inigualable!
Reflexión enviada por nuestro corresponsal, hermano Alessandro Macari de la iglesia en Ibitinga - SP.
alessandro_macari@hotmail.com

