Un hombre, cierto día, vio surgir una pequeña abertura en un capullo, por donde debería salir una mariposa, se sentó cerca del lugar donde el capullo se apoyaba y quedó observando lo que iba a suceder.
Pero pronto le pareció que ella había parado como si hubiera hecho todo el esfuerzo posible y ahora no consiguiera más proseguir, entonces él resolvió ayudarla: tomó una tijera y rompió el resto del capullo.
La mariposa pudo salir con toda la facilidad... Pero su cuerpo estaba marchito, además de eso, era pequeña y tenía las alas aplastadas.
El hombre continuó observándola porque esperaba que, en cualquier momento, sus alas se abrieran. En verdad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y ala encogida nunca fue capaz de volar.
Lo que el hombre no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura eran el modo en que Dios hacía que el fluido del cuerpo de aquel pequeño insecto circulara hasta sus alas para que estuviera lista para volar.
Nosotros también pasamos por pruebas mientras estamos aquí, pues si tuviéramos una vida sin problemas o dificultades, estaríamos condenados a quedarnos atrofiados, sin despegar el vuelo.
Bienaventurado el hombre que soporta la tentación; porque, cuando sea probado, recibirá la corona de la vida, la cual el Señor ha prometido a los que lo aman. Santiago 1:12.
Artículo enviado por la dirección de la iglesia en Ribeirao Preto - SP.

