La santidad ante la diversidad mundana
Estar en restauración en los días actuales es realmente una tarea ardua.
Nadando en contracorriente de la humanidad, orgullosa de vivir la modernidad. La contemporánea predica que tenemos que ir hacia adelante, siempre evolucionar.
El diablo, sabiamente, a través de muchos canales ha enseñado que la juventud necesita aprovechar la vida, disfrutarla al máximo; y en esa idea loca, muchos platos son presentados, en su interior manjares con aromas agradables y apariencia que llena los ojos han seducido a muchos, destruyendo totalmente las vidas.
Los programas televisivos son verdaderos explotadores de la sexualidad; en las revistas, mujeres seminudas son tratadas como mercancías a la venta en la feria; y en los anuncios el nudismo vende desde arroz hasta autos importados.
¿Y cómo evitarlos, si todo el mundo los tiene y quien no los tiene es tachado por la sociedad modernista como ignorante? ¿Cómo escapar de estos asuntos, que son los corrientes en los círculos de amigos, que influyen a muchos que se dicen cristianos? ¿Y en el trabajo: cuál es el asunto preferido de los compañeros? En este contexto tan hostil, ¿cómo conducir el noviazgo sin caer en tentaciones? ¿Cómo ser puros en días en los cuales la sexualidad es tan explotada? ¡No es nada fácil! Hora tras hora, nos encontramos con el diablo ofreciendo un menú invitador, moviendo nuestros sentidos.
He aquí la respuesta: "Guárdate para que tampoco seas tentado." (Gl, 6.1).
¡Este es el mandamiento dejado por Dios a todos, sean jóvenes o ancianos!
Es necesario estar lleno del Espíritu Santo, andar en santidad, rectitud y con el corazón rebosante de amor por el Eterno, este amor nos constriñe a vivir según sus preceptos.
Es probable que nuestro amor por el Padre nos coloque en alguna situación difícil, en relación a la vida social. Pero "Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia..." (Mt, 6.33). "Nadie puede servir a dos señores;... No podéis servir a Dios y a las riquezas." (Mt, 6.24).
Jóvenes en restauración: mejor es servir a Dios exclusivamente, buscando colocarlo en primer lugar en todos los aspectos de nuestra vida. ¡Primero la voluntad de Dios, después la nuestra! Así debe ser nuestra vida: "Santa" (según los preceptos de la ley divina) que es la condición principal para la victoria ante el diablo y sus demonios.
La santidad nos reviste con la armadura del Señor, protegiéndonos del toque del maligno, de su espada y dardos.
Jessé Caleb A. Sanches
jessecalebsanches@yahoo.com.br

