Jesús vino al mundo, sufrió y padeció para que nosotros pudiéramos reconciliarnos con Dios. Fue el sacrificio de Jesús que quebró la barrera que existía entre nosotros y Dios.
Porque si nosotros, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido ya reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solamente esto, sino que también nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesús Cristo, por el cual ahora alcanzamos la reconciliación. Romanos 5:10,11.
Y todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo mismo por Jesús Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; Es decir, Dios estaba en Cristo reconciliando consigo el mundo, no imputándoles sus pecados; y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. De modo que somos embajadores de parte de Cristo, como si Dios por nosotros rogase. Os rogamos, pues, de parte de Cristo, que os reconciliéis con Dios. 2 Corintios 5:18-20.
Dios se hizo presente en nuestro medio el 15 de enero de 2017 en el culto realizado en el Templo del Jardín Paulista. Fue un culto muy bendecido en el cual cuatro almas pidieron reconciliación con Dios y con los hermanos.
Nos alegró mucho que la familia de los salvos esté aumentando para la honra y la gloria de Nuestro Señor y Salvador Jesús Cristo.
Vamos a continuar orando en favor de las almas e ir en busca de ellas para que Dios pueda sacarlas de este mundo de dolor y de sufrimiento, para que ellas puedan estar siempre en la presencia del Señor, recibiendo las bendiciones y la alegría de la Salvación.
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Que Dios esté presente en cada corazón. Estén en la paz de Nuestro Señor y Salvador Jesús Cristo.

